El ataque ocurre a un día de que dos personas fueran arrestadas en Texas por disparar contra un grupo de migrantes que tomaban agua cerca de la frontera con México.
Este acto de vandalismo coincide con la oficialización por Vladímir Putin, de la anexión de cuatro territorios en Ucrania, tras los referendos denunciados como una farsa por Estados Unidos y la Unión Europea.
Los gasoductos, operados por un consorcio controlado por el gigante ruso Gazprom, no están operativos debido a la guerra en Ucrania, pero todavía están llenos de gas.