25 años del 9-11
Hace 25 años, aviones de pasajeros fueron secuestrados para usarlos como arma y estrellarlos en las Torres Gemelas del World Trade Center de Nueva York. Era la mañana del 11 de septiembre del 2001, y los atentados produjeron imágenes que serían la portada del inicio del siglo XXI.
EL gobierno norteamericano adjudicó la autoría intelectual de los atentados a Osama Bin Laden, líder de la organización Al Qaeda. De hecho, previo a septiembre de 2001, ya se tenían reportes de inteligencia que advertían sobre los entrenamientos y movimientos de Al Qaeda para secuestrar aviones civiles, así como distintos despliegues de sus miembros en suelo estadounidense.
A los años, se ha argumentado que estos reportes de seguridad nacional no fueron atendidos, debido a una falta de coordinación entre la Agencia Central de Inteligencia y el Buró Federal de Investigación, entre la CIA y el FBI. Sin embargo, vale recordar cómo fue que nació Al Qaeda, para darnos una idea sobre la fragilidad de ese argumento que culpa a la no coordinación entre dependencias.
A finales de la década de 1970, en plena Guerra Fría, la Unión Soviética expandía su influencia en Medio Oriente. En diciembre de 1979, la URSS intervino militarmente para influir en Afganistán. Esta influencia rusa amenazaba la libertad religiosa de los musulmanes. Los grupos musulmanes fundamentalista, conocidos como Muyahidines, declararon una Yihad, una “Guerra Santa” similar a la guerra cristera en México, para combatir a la Unión Soviética.
En ese contexto, Estados Unidos vio una amenaza y una oportunidad. Para frenar el avance soviético, Norteamérica dotó de financiamiento y armamento a los grupos Muyahidines, entre los que se encontraba Osama Bin Laden. Así, con el apoyo estadounidense, los musulmanes fundamentalistas pelearon la Yihad afgana de 1979 a 1989, no tanto por una victoria islámica, sino porque la caída del bloque soviético era inminente.
En 1985, Mijaíl Gorbachov llegó al poder en la URSS, e implementó la reestructuración económica, conocida como Perestroika; y la apertura política, conocida como Glasnost. Esto cimbró los cimientos del bloque soviético y expuso muchas de sus crisis y contradicciones. Luego, en 1989 ocurrió la Caída del Muro de Berlín. En medio de protestas se terminó el control militar soviético en Europa del Este y en Medio Oriente. Mientras, diversas repúblicas soviéticas vivían el inicio de sus movimientos de independencia de la URSS, que -finalmente- formalizó su disolución en 1991.
Fue este proceso de caída del bloque soviético, y no una victoria islámica ni estadounidense, lo que terminó con la Yihad en Afganistán. Sin embargo, la salida de la URSS de Medio Oriente dejó un vacío de poder que rápidamente fue ocupado por el régimen Talibán: musulmanes extremistas que hicieron sus leyes civiles de acuerdo al Corán, con la finalidad de expandir el gobierno de Alá en el mundo. Así, luego de la URSS, el occidente representado por Estados Unidos fue el siguiente adversario natural.
De este modo, las milicias financiadas por Estados Unidos en Afganistán, terminaron convirtiéndose en el régimen que, una década después, estrellaría dos aviones en las Torres Gemelas de Nueva York, con el conocimiento del propio gobierno norteamericano. Así, Estados Unidos justificó una guerra abierta para invadir y depredar territorios en Medio Oriente. Han pasado 25 años de ese suceso.
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