Nos encanta ser mexicanos, pero no somos muy dados a cumplir ni a practicar ni a alcanzar los logros, los valores, los objetivos que harían de México un país mucho mejor
El presupuesto termina atravesando nuestra vida cotidiana: los impuestos que pagamos, los servicios públicos que recibimos, la infraestructura que utilizamos y hasta la deuda que tendremos que financiar.
Si la contienda federal se reduce a la descalificación estéril, la propaganda sin sustancia o las promesas huecas, el desencanto acabará por engrosar las filas del abstencionismo.