Bastará una crisis para cuestionar nuestros derechos

La semana pasada les planteaba la pregunta sobre si realmente estamos en 2026 o hemos retrocedido en el tiempo, ante los actos de discriminación por parte de grupos supremacistas blancos y los asesinatos de personas migrantes por parte de ICE. Respondía a mi propia pregunta, que más bien hemos venido a un tiempo peor, en el que incluso saber cómo fue el pasado no está siendo suficiente. Los derechos otra vez están siendo cuestionados.

Por los mismos días, otros derechos se estaban cuestionando también. En Estados Unidos, en la Women’s Leadership Summit 2026 (Cumbre de Liderazgo de Mujeres 2026), se expandió la idea de eliminar el voto individual para ir por el voto familiar, es decir, que no vote cada persona, sino cada familia a través del hombre que la encabeza. La propuesta es ampliamente respaldada por influencers del movimiento tradwife, es decir, quienes defienden el modelo de esposa tradicional. 

Resulta por lo menos paradójico que, en un espacio donde se habla de liderazgo de mujeres se proponga que dejemos de votar y, sobre todo, que lo hagan mujeres que no son esposas tradicionales, sino figuras públicas, que monetizan el contenido que generan y eso se traduce en mucho dinero. En otras palabras, se trata de mujeres con autonomía económica y posiciones públicas, que promueven que otras mujeres no tengan eso.

Sobra decir que también es paradójico que estas propuestas, como las violencias de las que hablaba la semana pasada, vengan del país que en otros tiempos se autodefinió como una tierra de libertad.

Pero, regresemos al asunto del voto de las mujeres. El voto no existió siempre, sino que se volvió un elemento clave en los sistemas democráticos. Sin embargo, no votaban todas las personas, votaban los hombres. El derecho al voto para las mujeres costó mucho a las generaciones muy anteriores a las nuestras, en todo el mundo. En México, las primeras elecciones se realizaron en 1824, pero el voto de las mujeres se consideró hasta 1953, es decir, hace 72 —casi 73— años. 

Podemos decir que eso se dijo en Estados Unidos, pero de este lado también hubo un político que replicó la idea. Que en este punto de la historia se cuestione el derecho y la capacidad de las mujeres para participar en la vida democrática es un despropósito. Pero bien dijo alguna vez Simone de Beauvoir: “Bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres sean cuestionados. Estos derechos nunca pueden darse por hecho. Debes permanecer vigilante toda tu vida”.

Desde aquí, agradezco a las generaciones que lucharon para que nosotras tengamos derechos. Desde aquí, reconozco también a las mujeres del presente, que están —y estamos— comprometidas en defender y ampliar esos derechos. Un mundo más igualitario es un mundo más justo para todas y todas, no sólo para nosotras.

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Las ideas aquí expresadas pertenecen solo a su autor, binoticias.com las incluye en apoyo a la libertad de expresión.

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Dorismilda Flores Márquez
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