Democracia mínima
A México le ha costado décadas construir una forma de gobierno con lo mínimo indispensable para definirse como democrática; sin embargo, la elección de personas magistradas y juzgadoras nos enfrenta, en ciertos estados del país, a un retroceso.
Los requisitos básicos o lo que politólogos como Bobbio, Schumpeter y Przerworski llamaron "democracia mínima" se centran en las reglas y mecanismos para que la selección de líderes políticos ocurra a través de la participación ciudadana en elecciones libres, igualitarias y competitivas.
No obstante, la elección judicial se estrenará en las entidades federativas sin competencia, una de las condiciones apenas suficientes en un régimen mínimamente democrático. Para que ello exista debe haber una pluralidad de opciones políticas que reflejen la diversidad de intereses de la ciudadanía, pero miles de personas electoras se encontrarán con el mismo número de candidaturas que de cargos a votar el próximo 1 de junio.
El nuevo procedimiento dejó fuera a los partidos políticos, pues la postulación de candidaturas pasó a ser responsabilidad de los Poderes Públicos -Ejecutivo, Legislativo y Judicial- que, en algunos casos, al amparo de la reforma judicial, optaron por proponer a las mismas personas. En el estado de Durango, la ciudadanía encontrará sólo un nombre por cada uno de los 49 cargos disponibles; mientras que en Aguascalientes 102 candidaturas se disputarán 65 puestos judiciales, lo que significa que más del 60% de quienes aparecerán en boletas tiene un puesto asegurado en el Poder Judicial del Estado.
La transición democrática fue un proceso gradual en la historia del país, donde pasó de un régimen de partido hegemónico dominado por el PRI por más de 70 años, a un sistema pluripartidista. Esto fue posible gracias a una serie de reformas constitucionales que favorecieron el registro de nuevos partidos políticos, aumentaron la representación de partidos opositores y delegaron la función electoral a instituciones autónomas como el IFE, hoy Instituto Nacional Electoral. Gracias a ello es que las generaciones actuales hemos normalizado boletas electorales con múltiples alternativas de voto.
Sin pluralismo, nuestro estado pierde lo esencial para ser considerado democrático. Necesitamos replantear nuestras normas para garantizar ya no sólo una democracia mínima, sino una concepción más amplia que incluya la justicia social, la dignidad ciudadana y la participación activa.
No es posible reducir la democracia a un mero trámite.
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