El año nuevo se parece tanto al viejo

A punto de una doble indigestión recibo las primicias del año nuevo, recargado el estomago de las abundantes y deliciosas comidas y bebidas de las celebraciones decembrinas y recargados los correros y mensajerías de buenos deseos que se agradecen y de propósitos, recomendaciones, recetas para la vida, jaculatorias, oraciones, plagios, atribuciones falsas, zafias y cursis que, también se agradecen. Para la primera siempre se puede recurrir al carbonato, para la segunda quedan infalibles: Baltasar Gracián, Alfonso Reyes y Miguel de Cervantes, El Quijote, siempre el Quijote, dijera Camilo José Cela.

Va de cuento, se dice de un clásico maridito mexicano “celoso de la honra y desentendido del gasto” que cercana la Navidad por enésima ocasión hace propósitos de enmienda y jura y perjura a su esposa: soy un hombre nuevo, todo lo que fui quedó atrás, desde hoy salgo a buscar chamba, me olvido del alcohol y las malas compañías y emprenderemos una vida nueva: “Prepárate vieja, por la tarde nos arreglamos, nos vamos al cine, luego a cenar un pozole y será el inicio del hombre nuevo”. La esposa ilusionada y esperanzada por enésima vez se prepara, saca su ropita, se arregla y se dispone a esperar al hombre nuevo. Llega el mediodía y no aparece, el atardecer, la noche y a las tantas de la madrugada va llegando el marido con una borrachera de agarra pollos. Furiosa y deseperada la mujer le reclama: ¿No que eras un hombre nuevo?- -Si vieja- contesta el catarrín desobligado y sinvergüenza- lo malo es que este hombre nuevo se parece tanto al viejo-.

Mucho me temo que el año nuevo se parezca mucho al viejo, aunque desde luego tendremos cosas que estrenar, especialmente en el ámbito estatal y municipal en que agarrando parejo, el obediente congreso, que en eso se parece tanto al federal, aprobó un incremento generalizado de impuestos, derechos, productos y aprovechamientos para no batallar en hacer cálculos y dando el mismo tratamiento a las contribuciones que por su diferente naturaleza ameritan también trato diferenciado. Por ejemplo, no acabo de entender la razón de un cobro por control vehicular, que, desde mi punto de vista, los servicios de tránsito deberían subsanarse con los impuestos y así por el estilo.

Pero como enseñé a decir a mi nieta Isaura: al mal tiempo buena cara, con el mayor optimismo le deseo a nuestro auditorio un muy próspero año, pleno de salud y paz.               

Es todo por hoy, hasta una próxima, si la hay.

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Jesús Eduardo Martín Jáuregui
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