El huachicol
El huachicol no deja de sorprendernos y nos hace recordar que cuando don Andrés asumió la presidencia prometió erradicar al “huachicol”, una palabra en ese momento poco conocida, que es una práctica ilícita que entrena los recursos públicos y ha empoderado a redes criminales. Lo prometió como una prioridad nacional.
Incluso, en enero del 2019, anunció con bombo y platillo que lo había combatido, que el huachicol estaba erradicado y que “el problema ya se acabó”. Pero el problema no solo persistió, sino que mutó.
Hoy, tras 7 años de gobierno, el huachicol ya no se limita al robo físico del combustible. Se ha transformado en un huachicol fiscal, un entramado de facturación falsa, contrabando y evasión que han erosionado profundamente las finanzas públicas y exhibe la incapacidad que ha tenido el Estado para imponer orden.
Algunas cifras que revelan el fracaso: en el huachicol tradicional, Pemex ha reportado pérdidas por 20,246 millones de pesos de enero a septiembre del año en curso. Un aumento espectacular, el 35% de aumento comparado con 2024.
Ahora bien, el huachicol fiscal en estimaciones oficiales y de expertos en el tema, le han costado al erario casi 180 mil millones de pesos al año. Multiplícalo usted por siete, da un impacto acumulado que se lleva alrededor de 42 millones de dólares. Esto es una dimensión de mercado ilícito.
Uno de cada 3 litros de gasolina que se distribuyen en México tiene origen ilegal, según la Organización Nacional de Expendedores de Petróleo. ¿Cómo falló? Pues por falta de una estrategia integral.
El combate se centró en la fuerza bruta sin atacar redes financieras ni la corrupción institucional que sostiene el negocio. También por la impunidad y la complicidad, las detonaciones fueron mediáticas pero las estructuras criminales se adaptaron. Hoy operan con mayor sofisticación, aprovechando vacíos legales y complicidades.
La promesa incumplida, sin duda, golpea la credibilidad del proyecto de la 4T. El huachicol se ha institucionalizado, afecta a la recaudación y perpetúa la corrupción. Grandes anuncios, resultados parciales, problemas que se transforman, pero no se resuelven.
El huachicol fiscal no puede ser una nueva normalidad. Le ha costado a nuestra Hacienda Pública.
¿Pudiéramos reflexionar un poco cómo resolver el problema? Llegó la época de las grandes tecnologías y la trazabilidad de implementar sistemas de monitoreo de alta tecnología para tener un control desde el origen hasta el consumidor final. También hemos fallado en una reforma regulatoria que endurezca las sanciones por contrabando y facturación falsa.
Nos ha faltado un fortalecimiento institucional con una unidad especializada dentro de la Fiscalía General o, donde quieran los legisladores, dedicada exclusivamente a combate al huachicol fiscal con autonomía técnica y financiera, eso que les da tanto miedo.
Nos ha faltado una coordinación interinstitucional, convenios con otros países exportadores para verificar operaciones y evitar las triangulaciones. Pero esencialmente nos ha faltado transparencia y rendición de cuentas. Estos dos aspectos que les ponen los pelos de punta a quienes hoy nos gobiernan.
El rostro más importante de la democracia no es que la sociedad se comulgue con ella, sino que no esté muy vinculada sólo al procedimiento, sino a la democracia de calidad en donde la exigencia popular llame a la rendición de cuentas cotidiana, eficiente, auditada, creíble y a la transparencia.
Con ello, los 36 millones de votos se habrían multiplicado después de 7 años.
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