En política el engaño es autoengaño
Uno de los errores más frecuentes que cometen prácticamente todos los partidos políticos es confundir la realidad con la percepción de la realidad, es decir, creer que basta con las redes y los medios para mover al votante en un sentido u otro.
Ese equívoco lleva a una conclusión casi perfecta: en política el engaño es frecuentemente un autoengaño.
Lo primero que se pierde de vista es que la gran mayoría vota con el estómago, con el hígado, con la bilis o con el humor del día. Y este ánimo está modelado por cómo le está yendo en el trabajo, en los ingresos, en la educación de los hijos o si perdió el empleo, en suma, en su satisfacción con el entorno. Y ese entorno nos dice que hoy, de acuerdo con todas las encuestas del INEGI, el 89% del electorado en Aguascalientes está muy enojado con el servicio del agua, el 86% con el estado en que se encuentran las calles y las avenidas, el 75% con la corrupción percibida, el 70% con las coladeras tapadas, el 56% con la delincuencia y el 49% con la falta de alumbrado público.
El segundo error de los partidos es pensar que la política forma parte relevante del interés ciudadano. Falso. A la mitad de la población adulta, es decir, la que vota, no le importan un comino ni la política ni los partidos. El que tiene un cierto grado de civismo sabe que tiene que ir a votar porque de allí surgirán las personas que van a administrar el país, los estados o las ciudades y con suerte tiene la esperanza de que algo mejore en sus vidas. Pero el resto supone que su situación no va a cambiar y que los gobernantes tienen la culpa. De allí que en 2022 la participación electoral apenas llegó al 46%.
Dicho así, como advierte Daniel Innerarity , hoy “el elector no elige sino deselige; hay más rechazo que proyecto; no vota para solucionar algo sino para expresar malestar” o miedo. Y lo decisivo, entonces, no es “la competencia o la incompetencia de los candidatos”, sino recoger ese sentimiento mejor que el contrario.
La tercera interrogante es la naturaleza de las campañas. Muchos siguen creyendo que basta con repartir dinero, despensas, camisetas, para que los líderes de las colonias muevan a la gente a votar en un sentido o en otro. Esta práctica ya pasó de moda; a la hora de la hora el elector marca la boleta como quiere en la soledad de la casilla y por ende inclina la balanza como mejor le parece.
Y el cuarto error de los partidos es suponer que las frases huecas y la abundancia de malos espectaculares es suficiente para enamorar al votante. No es así y de hecho, según los estudios, a la gente la molesta verse de pronto inundado de fotos de personitas que ni conoce ni le interesan. Lo que quiere el ama de casa que está sentada en el parador no es la foto de un monigote a sus espaldas sino que pase pronto el autobús, que esté limpio y seguro, que la lleve con bien a su destino.
Pues bien, estos son algunos de las confusiones más repetidas por los partidos que llevan, como dije al principio, al engaño y que más tarde se convierte en autoengaño. Esta es la trampa mortal en la que caen con mucha frecuencia quienes compiten en una campaña electoral. Esta vez no será diferente e incluso puede ser mucho peor.
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