Israel contra el acuerdo de paz

Es posible que los próximos dos meses sean de una tensión bélica importante, luego de la rendición de Estados Unidos en la guerra que ese mismo país inició contra Irán el 28 de febrero de este año, cuando Trump y Netanyahu comenzaron los bombardeos contra ciudades iraníes, matando al Ayatolá Alí Jamenei. Esta tensión es una estrategia que busca Israel para detonar el frágil acuerdo de paz de 60 días con el que Donald Trump se rindió en el Palacio de Versalles. 

El contexto es el siguiente: Estados Unidos tiene sus elecciones de medio término en noviembre. El partido republicano, y el movimiento MAGA de Trump venían arrastrando el enojo ciudadano por los archivos Epstein, por el pésimo manejo económico, por la criminalización de la migración, y por la corrupción pública y el enriquecimiento desmedido de sus oligarquías. Por eso, Donald Trump inició el 2026 enarbolando la bandera de la guerra; invadió a Venezuela y secuestró a su presidente; amagó a varios países de nuestro continente; se lanzó legalmente y con intromisión operativa y de inteligencia contra políticos mexicanos presuntamente asociados con el narco; y apoyó a Israel para invadir a Irán. Todo con tal de recuperar las preferencias electorales que han estado perdiendo para noviembre.

Igualmente, en Israel, el Knéset (el parlamento israelí) tiene elecciones en octubre. A Benjamín Netanyahu le urge mantenerse en el poder y continuar con el fuero constitucional, ya que sobre él pesan denuncias por corrupción y por crímenes de lesa humanidad, mismas que habría de enfrentar al dejar el cargo. Netanyahu pertenece al Likud, un partido político ultra nacionalista, sionista, y de extrema derecha. Sin embargo, en Israel hay más de 10 partidos políticos y no todos son ni sionistas ni de ultra derecha, y en Israel ha crecido la oposición a Netanyahu, sobre todo después del último genocidio contra Palestina en Gaza.

En ese contexto, Israel convenció a Estados Unidos de empezar una guerra contra Irán, con la promesa de que en 3 días Estados Unidos se haría con el petróleo iraní y con el control del Estrecho de Ormuz. Cuatro meses después, Trump reconoció que no pudo derrotar a Irán, que sus reservas petroleras estaban al límite, que el costo de la guerra deterioró aún más la economía doméstica, y que el cierre de Ormuz volvía insostenible el comercio global.

Así, finalmente, el pasado 17 de junio, durante la cumbre del G7 en Francia, Trump firmó un memorando de entendimiento para la paz con Irán en el palacio de Versalles. En ese palacio, en 1871, los franceses firmaron su rendición de derrota en la guerra franco-prusiana, y la pérdida de Alsacia y Lorena. En ese mismo palacio, Bismarck fundó el Segundo Reich alemán, con la entronización del emperador alemán Wilhelm I. En Versalles, los alemanes fueron obligados a firmar el «Tratado de Versalles» en 1919 para rendir su derrota en la Primera Guerra Mundial.

El acuerdo de paz firmado por Trump -escrito en el idioma de Irán, en persa- incluye: el cese de los ataques en todos los frentes, incluido Líbano; abrir el estrecho de Ormuz, mediante el control de Irán, sin pagar peaje; el levantamiento del bloqueo marítimo impuesto por Estados Unidos sobre los puertos iraníes; que Estados Unidos pague 300,000 millones de dólares a Irán por reparación de guerra; que se levanten las sanciones contra Irán; y que este país no desarrolle armas nucleares. Es decir, salvo el pago reparatorio, son las mismas condiciones antes de la guerra.


Este acuerdo tiene 60 días para mantenerse. Al término de esos dos meses, se declararía formalmente el término de la guerra y el restablecimiento de relaciones. El acuerdo fue entre Estados Unidos e Irán, excluyendo a Israel. Apenas se firmó el acuerdo, Netanyahu bombardeó Beirut y otras localidades del Líbano. Ante eso, este fin de semana Irán volvió a cerrar el estrecho de Ormuz, y la paz en la región pende de un hilo porque a Israel le conviene seguir bombardeando, invadiendo, y ocupando los territorios vecinos.

Esta ruptura del acuerdo, que tenía apenas tres días firmado, pone a Estados Unidos contra las cuerdas. Ahora Trump amenaza a Israel con retirarle todo el apoyo financiero, y sobre todo militar; Israel dice que no necesita a Estados Unidos, y se declara como país en guerra vigente. Lo que sucederá en los próximos meses tiene que ver con las elecciones de noviembre y las presiones internas que Trump enfrentará en Estados Unidos por parte del lobby israelí en Norteamérica. Sobre todo, porque este lobby israelí utiliza compra de lealtades, así como herramientas de espionaje, intimidación, extorsión, y operaciones de falsa bandera.

Con esto, podemos anticipar que los próximos dos meses serán de mucha tensión, no sólo en medio oriente, sino en el mundo entero.

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Alan Santacruz
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