La fiesta de todos ahora es de unos cuantos

Comenzó el mundial de fútbol varonil, que se anunció histórico porque, por primera vez, se organiza conjuntamente en tres países —Canadá, Estados Unidos y México— e incluye más selecciones nacionales. Sin embargo, está siendo también histórico por otras razones, tristemente, por presentar de un modo descarado el despojo.

El fútbol es mucho más que un deporte. Social y culturalmente, hay mucha riqueza, desde las experiencias de las cascaritas en la escuela o el barrio, hasta los campeonatos internacionales que mueven tantos recursos. Como otros deportes de equipo, permite ver el esfuerzo colectivo, la emoción compartida en torno al juego y los equipos. Por lo mismo, muchas veces se enfatiza el carácter democrático, el fútbol es de todos.

Lo que hemos visto en estos tiempos ha sido lo contrario, el fútbol es de unos cuantos. Las restricciones impuestas por la FIFA han sido radicales: para la afición, boletos exageradamente caros y más restricciones en los estadios; para los restaurantes y bares que pretendieran ofrecer los partidos a sus clientes, se impusieron pagos de derechos de transmisión; para los medios de comunicación se encarecieron los derechos de transmisión; para medios que no los tengan, así como las y los creadores de contenido, hay restricciones sobre el contenido que pueden generar y poner en circulación. En suma, ese deporte de todos ahora no es accesible para todos, sino que se concentra en las élites. En nuestro país hay historias de gente de todas las condiciones sociales que pudo asistir a partidos de los mundiales de México 70 y 86. Esta vez no.

A esto se suma el encarecimiento de servicios en las sedes mundialistas. Hay historias de personas que fueron expulsadas de las casas que rentaban, porque para las y los propietarios era más rentable ofrecerlas a precios elevadísimos durante las semanas mundialistas. A la par, los gobiernos invirtieron en infraestructura, pero afectaron a la población y al comercio local con los bloqueos por las obras, lo que se tradujo en pérdidas. Las ciudades se embellecieron para quienes vienen de visita, mientras siguieron sin atenderse problemas graves de desabasto de agua, seguridad pública, movilidad y más para quienes habitan las ciudades.

En estos días, además, han sido reprimidas las protestas de madres buscadoras, profesores afiliados a la CNTE, productores agrícolas, transportistas, estudiantes y más. La escena de una madre buscadora suplicando a los policías que las dejaran pasar, luego de que bloquearan su marcha, es una de las imágenes que mejor representan las crisis contemporáneas en nuestro país, donde la desaparición de personas, la precariedad laboral, la explotación económica, la gentrificación, la trata de personas y un largo etcétera pasan a segundo plano ante los discursos gubernamentales de que todo va bien. El colmo han sido las declaraciones de la Secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, en el sentido de que estaban recabando información para determinar si hubo intención ajena en el apoyo al viaje de las madres buscadoras de otros estados hacia la Ciudad de México. Pareciera que eso es más importante que investigar quiénes desaparecieron a sus hijos, qué hicieron con ellos y dónde están.

Por cierto, no hay que olvidar que los dos mundiales anteriores que han tenido como sede a México también han estado ligados a crisis: México 70 ocurrió después de la matanza de estudiantes en Tlatelolco en 1968; y México 86 después del sismo de 1985.

Mientras tanto, en Estados Unidos las constantes han sido la discriminación y el endurecimiento de las políticas migratorias. De entrada, no permitieron la entrada del somalí Omar Artan, reconocido el año pasado como el mejor árbitro de África, pese a contar con visa vigente y pasaporte diplomático. Tampoco permitieron que la Selección de Irán se quede en Estados Unidos, los jugadores se quedan en Tijuana, sólo pueden entrar a Estados Unidos cuando tienen partido y deben salir —de hecho, también es histórico que dos selecciones cuyos países están en guerra, se enfrenten—. Por otro lado, Aymen Hussein, delantero de Irak, fue retenido e interrogado casi siete horas al llegar al país. También hubo revisiones de seguridad invasivas y humillantes para jugadores de Uzbekistán y Senegal. Obviamente hay miedo entre la afición latina en Estados Unidos, porque ir a apoyar a sus selecciones en los estadios también puede significar exponerse a ICE.

En suma, se juntaron el desprecio, la discriminación y la exclusión. La fiesta de todos está siendo de unos cuantos y la lógica que se privilegia es lo que David Harvey llama “acumulación por desposesión”, que ocurre cuando lo que era público se privatiza, financiariza o monopoliza.

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Dorismilda Flores
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