La otra crisis de América Latina

Esta semana, durante la visita del presidente Biden, se le pidió que Estados Unidos diera más recursos para América Latina, lo que sencillamente no sucederá, entre otras cosas, porque como lo dijo el propio Biden, ellos tienen responsabilidades globales y no alcanza para todos; la moraleja más bien es que en realidad, ni en la región ni en México, hemos hecho la tarea para crecer por cuenta propia y resolver los problemas sin apelar a que otros lo hagan por nosotros, lo que ya sabemos es que América Latina tiene problemas graves en educación, salud y servicios públicos, tráfico ilegal de drogas y de personas, inseguridad y violencia, improductividad y otros más, lo que sabemos menos o queremos saber menos, es que también padecemos un extraordinario rezago en investigación de frontera, en innovación y generación de conocimiento, y esta es la otra crisis de América Latina, y déjenme explicarlo en tres aspectos: Desde hace décadas, con precios altos o bajos de las materias primas, la región se acostumbró a depender de la producción y exportación de esas materias primas y con las relativas excepciones de Brasil y de México, prácticamente ningún país emprendió con éxito una transformación estructural sostenida que los condujera a construir economías más complejas flexibles y diversificadas, donde los pilares fueran el capital intelectual, las innovaciones puestas en valor y el aumento de la productividad, la región no se dio cuenta o no quiso hacerlo, de que al mismo tiempo otros países estaban impulsando el crecimiento de sectores donde la producción y generación de bienes y servicios se convirtió en masiva y en innovadora, en consecuencia llegaron las crisis macroeconómicas, las horas bajas en los precios de las materias primas, el imparable dinamismo de Asia o la pandemia, y América Latina no advirtió, que lo que estábamos viviendo no era un cambio de época, sino un cambio de paradigma en cuyo centro está una educación de excelencia, investigación aplicada y pertinente, vinculación con la economía real, productividad y crecimiento alto y sostenido, por eso, hoy las soluciones no están fuera, sino dentro de la casa.

Primero pasan por identificar que al ingresar al siglo XXI, la expansión de la educación superior y la gradual transformación económica por sí mismas positivas, exhiben una disfunción entre la composición de la oferta educativa y la investigación y la naturaleza de lo que demanda, en un sentido integral, ese tipo de desarrollo, más aún, los indicadores en materia de empleabilidad de los egresados o los retornos financieros de la educación, parecen confirmar que la sola obtención de un título universitario ya no garantiza automáticamente movilidad económica y social relevante.

Por otro lado, como se dijo la semana pasada aquí mismo en la BI, en el programa de Rocío Gutiérrez, no producimos investigación relevante, por ejemplo, en 2021, la solicitud de patentes, registro de marcas y diseños industriales, que fueron unos 23 millones en todo el mundo, América Latina alcanzó solamente 1.7% a nivel global, en cambio, Asía contribuyó con casi 68%. La segunda consideración es que por razones muy diversas, que van desde la automatización y la especialización de los procesos, hasta el tránsito de la manufactura a la mente factura, el mundo laboral ha cambiado radicalmente en las últimas décadas, y con ello, la naturaleza y las posibilidades de inserción de los egresados universitarios y se requieren hoy con urgencia mejores egresados en las áreas innovadoras. Y la tercera asignatura es cómo vincular de manera mucho más estrecha y eficiente la actividad de investigación de las universidades con la innovación, la productividad y el desarrollo integral de un país. A nivel global, hay ejemplos muy exitosos de que las universidades y los tecnológicos más enfocados en la investigación son fundamentales para incrementar el acervo de conocimientos y en algunos casos han impulsado decisivamente la transformación de países, es decir, la clave es conjuntar muy buenas universidades, compañías competitivas, emprendedores y talento, dentro de un ecosistema que ensamble, que articule esas piezas y apueste al capital humano de alto nivel y a la complejidad económica.

Finalmente, es urgente un enfoque distinto que lleve a preguntarnos no qué graduados necesita el mercado para satisfacer las actuales, sino, más bien, qué industrias y qué puestos de trabajo podríamos crear en esta región si tuviéramos el talento adecuado, así de simple, mientras no comprendamos a cabalidad este nuevo paradigma, el progreso seguirá llegando demasiado tarde y seguiremos teniendo, como de costumbre, décadas perdidas.

Las ideas aquí expresadas pertenecen solo a su autor, binoticias.com las incluye en apoyo a la libertad de expresión

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Otto Granados
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Otto Granados, Opinión, Aguascalientes

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