Lelolai en el Supertazón

El arte es político y el Supetazón reafirmó, en su edición 60, que ninguna manifestación artística se encuentra desprovista de tal carácter. El domingo 8 de febrero de 2026, los halcones de Seattle y los Patriotas de Nueva Inglaterra se enfrentaron en el partido final de la NFL. Pero la verdadera disputa ocurrió al mediotiempo, cuando el emparrillado se transformó en campo de batalla cultural. Allí, Bad Bunny y su acento caribeño plantaron cara a un Estados Unidos marcado por el desprecio cada vez más agresivo hacia la comunidad latina. 

La presentación de Benito Antonio Martínez Ocasio transcurrió en un cañaveral conformado por cientos de personas disfrazadas. Con un desfile cargado de simbolismos, el cantante  partió entre campesinas y campesinos que simulaban cortar caña de azúcar –cultivo histórico y pilar económico de Puerto Rico–, para dar paso a puestos de cocos, piraguas y tacos. Con su ya icónica casita, un casamiento amenizado por una Lady Gaga en versión salsera y un Ricky Martín interpretando “lo que le pasó a Hawaii”, el Conejo Malo deslizó catorce temas en español durante el espectáculo más sagrado del mainstream estadounidense, como lo calificó Oscar Salvador Torres (2026).

Esto importa porque, como ha señalado José Homero en Letras Libres, el Súper Bowl funciona como un bastión del conservadurismo cultural estadounidense, con un perfil de audiencia históricamente asociado al hombre heterosexual blanco que defiende el patriotismo tradicional, la meritocracia y la obediencia jerárquica (Homero, 2026). 

Lo único que Bad Bunny pronunció en inglés fue: God bless America –Dios bendiga América– antes de nombrar una por una las naciones del continente mientras un contingente alzaba sus banderas.  “Ahora todos quieren ser latinos, pero les falta sazón”, coreó desde el estadio de Santa Clara, una línea que no solo celebró la riqueza cultural latina, sino que retó narrativas excluyentes en una era definida por redadas antiinmigrantes, la invasión a Venezuela y el bloqueo a Cuba.

La teórica feminista Bell Hooks sostenía que la cultura popular es un campo en el que se negocian identidades, género, raza y clase. Para ella, el arte puede reforzar el sistema dominante o erigirse en espacio de resistencia (1994). 

Sin perder de vista que este momento fue posible gracias a la articulación de la maquinaria musical a la que Bad Bunny pertenece, hay que reconocer que su actuación en un espacio masivo de entretenimiento logró abrir grietas a la hegemonía estadounidense en la cultura popular, cuyos símbolos, acentos y estéticas llegaron a ser considerados como referentes “universales”. 

Referencias

Torres, Oscar. 2026. Why Does Bad Bunny Irritate Us So Much? Between Decolonial Resistance and the Algorithmic Machinery. Publicado en Linkedin 

 

Homero, J. 2026. El Super Bowl se transforma en una barricada cultural. Publicado en Letras Libres. 

 

Hooks, B. 1994. Outlaw Culture: Resisting Representations 

 

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Hilda Hermosillo
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Radio BI, BI Noticias, Súper Tazón, Bad Bunny, Benito Antonio Martínez Ocasio, Estados Unidos

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