Mujeres más allá del poder
Durante mucho tiempo, México pareció tener perfectamente decidido que el lugar de las mujeres se encontraba fuera del poder. Mientras la política, la toma de decisiones y la vida pública se pensaron como territorio masculino, ellas fueron reservadas al hogar. Hoy agradezco a todas las que no aceptaron al espacio doméstico como único a ocupar, porque gracias a ellas muchas podemos decidir cuáles ámbitos y cómo habitarlos.
El arribo de las mujeres al poder ha abierto una discusión incómoda: la representación. Primero se cuestionó nuestro derecho a votar; luego, a ser electas y hoy, ya en cargos de decisión, se sigue poniendo en duda la capacidad de representar. Porque no basta con que haya mujeres en posiciones de autoridad, se espera que desde allí se atiendan las desigualdades que históricamente ha enfrentado nuestro género: brecha salarial, abuso sexual, violencia doméstica, desapariciones, feminicidios.
La politóloga Hanna Pitkin entendió la representación política como la conciliación de la individualidad de quien representa con la responsabilidad colectiva hacia quienes representa. Esto se materializa en acciones de las personas representantes que responden a los intereses de las representadas.
Es importante hablar de esto, pues incluso rotos los techos de cristal, muchas enfrentan presiones para adaptarse a las reglas tradicionales del poder.
En México, la paridad de género es un principio constitucional que, desde 2014, asegura que ambos géneros estén representados equitativamente en los poderes públicos y que la facultad de tomar decisiones públicas se distribuya igualitariamente. Pero la presencia no garantiza la agenda, y esto es fundamental para lograr la igualdad sustantiva.
En un país donde la población femenina enfrenta toda clase de injusticias, su presencia en el poder tiene una capacidad transformadora que no debe desperdiciarse.
Muchas de las oportunidades que hoy existen fueron construidas por mujeres que afrontaron el costo de desafiar las expectativas de su época, por ellas y por todas. Cada vez que una mujer llega a un puesto de liderazgo —en la política, la judicatura, la academia o la iniciativa privada— no lo hace sola: llega acompañada de las generaciones que se negaron a aceptar que el mundo ya había decidido su lugar. Pero no sólo se trata de llegar a la autoridad pública, sino de ejercerla en forma consciente de las realidades que se encuentran fuera de sus límites.
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