No fuimos Dinamarca

En los últimos días, en diversas partes del país, han ocurrido manifestaciones de los trabajadores del sector salud adscritos al Instituto Mexicano del Seguro Social. El motivo de las protestas tiene que ver con la desatención que los gobiernos de varios sexenios han tenido para con el sector. Esta desatención -sobre todo de carácter financiero- ha puesto al IMSS en una posición comprometida en la que la población derechohabiente ve a la institución como ineficiente, y los trabajadores del propio instituto viven precarización laboral.

Las principales demandas laborales son: Incremento salarial directo de -al menos- el 10%. Igualmente, exigen mejoras en prestaciones. También, piden basificación de plazas y regularización de trabajadores eventuales; muchos de éstos contratados en la pandemia de COVID-19, que todavía no tienen seguridad laboral. Pelean, además, por la renuncia de Rafael Olivos Hernández, secretario general de su sindicato, porque la base laboral se siente traicionada por la dirigencia sindical. En otro sentido, las protestas también desnudan una realidad que varios gobiernos han tratado de menospreciar: las condiciones materiales del trabajo en el sector salud. Señalan que el desabasto de medicamentos e insumos, ha afectado el derecho a la salud de la población derechohabiente.

Ante esta crisis, la autoridad realizó una consulta a la base trabajadora para que aceptaran un aumento del 2.9% directo al salario. En la consulta, el 80% (más de 470 mil trabajadores) votó por el NO, y se han mantenido firmes en la demanda del 10% directo al salario, ya que muchos tienen un sueldo bruto inferior al salario mínimo, con el que cotizan aguinaldos, primas, y pensiones. Esto robustece el desgaste y la ilegitimidad que tiene la dirigencia sindical, a la que ya están presionando para que renuncie.

La desatención al sector salud no es algo nuevo, ni obedece sólo a los gobiernos actuales. Ha sido un problema que se arrastra desde varios sexenios; pero ahora explota por un contexto en el que -luego de la pandemia, cuando de por sí se desgastó al sector y se precarizó a su base trabajadora- no se regularizó a la plantilla laboral, no se negociaron mejores condiciones salariales, y no se invirtió en equipamiento en el sector. 

Mientras tanto, el gobierno federal fue ostentoso en proyectos millonarios a sobre costo, que han sido el emblema de la transformación y el bienestar: el Tren Maya, el Corredor Interoceánico, la refinería de Dos Bocas, el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, o los impúdicos presupuestos millonarios a todos los proyectos civiles en manos de los militares.

En este sentido, el movimiento de los trabajadores del IMSS no es una provocación de los partidos de oposición para hacer quedar mal al gobierno federal; sino que obedece a necesidades y demandas legítimas en las que la realidad nos demuestra que -en temas de salud pública- nunca fuimos Dinamarca.

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Alan Santacruz
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