Nueva proclama por la abolición

Como suelo hacerlo año con año, ya desde hace décadas, siempre por estas fechas, demando un nuevo calendario, específicamente uno donde el hórrido mes de enero quede olvidado. No veo la razón de seguir padeciendo, cada inicio de año, un mes consagrado el doble cara del dios Jano, cuya adoración está más olvidada que los principios del Desarrollo Estabilizador, por decir algo.

Sabrán ustedes que existe un movimiento global llamado ‘Borremos a enero de nuestras vidas’, del que me enorgullezco pertenecer y ser su corresponsal para las tierras antes llamadas del Anáhuac, además de su vocero para los territorios comprendidos dentro de la Organización Panamericana de la Salud.

Si lo saben, dicha sea la verdad, me sorprendería, porque tal movimiento no existe, por lo menos ahora (me lo acabo de inventar en mi delirio y en mi furor), aunque lo cierto es que debería, aunque eso es un asunto del que me ocuparé en otra oportunidad y con más tiempo. O no.

Para ir al grano, dada la capitalidad de éste asunto, debo recordar que eso de los calendarios es, ahora sí desde los tiempos inmemoriales, más o menos una de esas arbitrariedades que llamamos convenciones, en nuestro vano intento de aprender y medir el paso del tiempo, lo que se demuestra con la enorme cantidad de calendarios que a lo largo de la historia de la humanidad han existido: calendarios lunares, solares, lunisolares, que se usaron desde la antigüedad según le convino a quien se los inventó; por citar uno de cientos o de miles de ejemplos hablemos del calendario pre romano de la dinastía de Alba Longa, mismo que constaba de 10 meses, cuya duración arbitraria iba de los 18 meses (imagínense cobrar la quincena cada 9 días), hasta los 36.

No voy aquí a reparar en las peculiaridades de los calendarios chino, vietnamita, hindú, hebreo, cuyo fin último fue medir algunas regularidades de la naturaleza: estaciones, ciclos de fertilidad femenina, cosechas, crecidas de ríos, siempre teniendo en cuenta una constante: el tiempo en que la tierra tarde de dar la vuelta al sol, lo que se puede medir poniendo el inicio donde a uno le venga en gana, y dividiendo el periodo como mejor le acomode.

Recordemos que así lo hizo Julio César en el año 45, hasta que el papa Gregorio XIII, le corrigió la plana caso mil 600 años después, para tomar en cuenta que la división regular en doce meses tiene un desajuste de un día cada 128 días, lo mismo que pasa con los calendarios lunares, ya que los meses lunares apenas llegan a 29 días y medio (por lunación, que dirían los entendidos), por lo que hay que andar poniendo parches, tal como nuestro año bisiesto. Hablando de eso que me expliquen por obra de qué se decidió que existan meses de 28, 29, 30 y hasta 31 días.

El último intento más o menos serio de reformar el calendario lo tuvieron los lunáticos de la Asamblea, con su Calendario Cívico (Vendimiario, Brumario, Frimario, Nivoso… así hasta el Fructidor), que ya ve que se acabó cuando Napoleón acabó con el sueño de la Fraternidad, la Igualdad y esas tonterías.

El asunto es que no existe ninguna razón para conservar este mes espantoso, que es frío, desagradable, triste… tan triste que incluye el mentado Blue Monday que es el día más triste del año (cada tercer lunes de este infausto mes), y que trae consigo resaca, kilogramos de más, deudas, pago de prediales, nuevas disposiciones fiscales y otras calamidades que bien nos podíamos ahorrar. Para no meternos en enredos, propongo comenzar el día inmediatamente el primero de febrero y comenzar bien el año con la celebración del Super Bowl, la ridiculez esa del 14 de febrero y dar paso casi de inmediato a marzo, que es el mes donde comienza la primavera.

Queda el asunto de la Fiesta de Reyes, que como sea se puede celebrar el 28 de diciembre, que justo recuerda la matanza de inocentes por culpa de las indiscreciones de los Reyes Magos y apenas alguna efeméride digna de recordar, como el Día Mundial del chicle (día 13), o el Día Mundial de las palomitas de maíz (creo que el 19), que son fiestas que se pueden pasar a otra fecha o de plano también ser desaparecidas por intrascendentes. Quienes cumplan años en enero se pueden declarar atemporales, o de plano pasar sus cumpleaños a la fecha que más les convenga.

Mi propuesta es de once meses de 33 días, siendo los tres días adicionales a cada mes días de descanso obligatorio, algo así como un viernes, sábado y domingo extra; como nos quedará un sobrante de dos días,pues ya veremos que se nos ocurre para utilizarlos de la mejor manera, que obviamente no es trabajando.

Y ya puestos, proclamo que a ver quién se cansa primero, yo de estar dando la monserga año con año hasta lograr mi cometido, o los poderosos del mundo ignorándome como hasta ahora. Decían los viejos de mi rancho (que no existe porque yo nací aquí y esto no será Nueva York pero tampoco es un rancho), que el que porfía mata venado.

Abur.

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Agustín Morales
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