Perspectiva: Una apuesta

Lo que es malo para todo el mundo no puede ser bueno para Estados Unidos. Donald Trump aparecerá hoy en su “día de la liberación” con una lista de aranceles para todos los países con los que comercia. A cada uno le tiene una receta de venganza. “Payday”, dicen los mafiosos.

La apuesta es que su visión es totalmente equivocada. México, por ejemplo, no le debe nada a EE.UU ni a Trump. En el comercio del TLC lo único que hacemos es intercambiar mercancías a precios acordados en libertad por vendedores y compradores. Bien decía el presidente Carlos Salinas de Gortari que el comercio no era una suma cero. Si uno gana, el otro pierde. La maravilla de este mundo globalizado es que todos ganan cuando cada país encuentra sus ventajas competitivas.

Cuando compramos gas o gasolina a Texas, las petroleras no sacan ventaja de México porque obtenemos energía barata. Cuando vendemos autos ensamblados aquí, ofrecemos tan buena calidad y precio que los norteamericanos adquieren, felices de la vida,  2.7 millones de vehículos al año.

Deshacer de un plumazo presidencial los canales de comercio con barreras arancelarias resultará un pésimo negocio para Donald Trump en la política. Prometió reducir los impuestos y los está aumentando al consumo, que es el motor de la economía norteamericana.

Los empresarios están pasmados, los mercados de valores bailan desconcertados y el mundo está en ascuas en espera de su lista de agravios imaginarios y cómo los piensa cobrar. Hay varias previsiones. Ninguna es buena para nuestro vecino.

La primera cosecha de las locuras de Trump es de odio. Nunca, desde la guerra de Vietnam, el imperio norteamericano había tenido tan mal aire mundial. Canadá, su hermano de origen dice que el maridaje terminó. “It´s over”, dijo un ensombrecido Mark Carney, como en una ruptura amorosa.

Lo increíble: China, Japón y Corea del Sur planean mejorar su comercio y, de paso, fortalecer su poder de negociación frente a Trump. En Europa hay un movimiento para consolidar la unión de países para hacerla más orgánica, como una verdadera federación. El sueño de ser como “un solo país” acelera decisiones que esperaban desde su formación.

De pronto el mundo cambió y el ganador indiscutible fue China. Su estrategia de Inversión, Educación y Tecnología le dio un crecimiento que ni siquiera Estados Unidos tuvo hace un siglo. La nación a la que llamaron a favorecer porque estaba en desarrollo hace 25 años, hoy tiene la misma potencia política y económica que EE.UU. Lo vemos en su energía renovable, en la automatización de sus puertos, en su flota naviera de carga, en la construcción más grande de infraestructura que haya visto la humanidad. Lo vemos en sus autos que van kilómetros adelante de todos los demás. Qué decir de su red ferroviaria de alta velocidad.

Trump va a perder como perdió con sus casinos en Atlantic City. Su país pagará la mayor factura arancelaria de la historia. Hay que felicitar a la presidenta Claudia Sheinbaum por su cordura frente al vendaval.

Hoy sabremos de qué tamaño es la locura de Trump.

Las ideas aquí expresadas pertenecen solo a su autor, binoticias.com las incluye en apoyo a la libertad de expresión.

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Enrique Gómez Orozco
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Estados Unidos, República Mexicana, Trump, aranceles, BI NOTICIAS

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