Perspectivas: Recordar para cambiar

 

Dice el refrán: quien no recuerda la historia cometerá los mismos errores de ayer. Si echamos un vistazo a los acontecimientos políticos y sociales en México durante medio siglo, encontramos muchos errores que se repiten una y otra vez. Los ciclos de crisis y recuperación siempre se debieron a errores de quienes gobernaban, no a las instituciones que hemos creado.


Luis Echeverría “se gastó los ahorros de abuelita” con la creación de un montón de fideicomisos; con gastos populistas porque quería ser el representante del “Tercer Mundo”.
En 1976 quebramos. El peso perdió la estabilidad que había conservado durante 18 años en 12.50 por dólar. José López Portillo salvó al país del desastre porque Pemex descubrió el potencial del yacimiento de Cantarell. Gastó como si no hubiera mañana porque teníamos que “administrar la abundancia” petrolera. Al final de su sexenio, en 1982, la mitad de la economía estaba en manos del gobierno. Prometió “defender el peso como un perro” y fracasó. Entonces, en una decisión personal, expropió la banca nacional. Todo por culpar a otros de su incompetencia y vanidad.


Miguel de la Madrid, un hombre serio, dio inicio a la apertura comercial del país mediante la adhesión al GATT. El país no creció durante su mandato. Fueron años difíciles. Hasta que llegó Carlos Salinas de Gortari, tal vez el presidente más talentoso que hayamos tenido. Él comprendió que sólo mediante la apertura comercial y la privatización de las empresas públicas y de la banca, el país podría avanzar. Todo hubiera terminado bien en 1994, pero la rebelión en Chiapas, el asesinato de Luis Donaldo Colosio y la corrupción de su hermano Raúl, echaron a perder su sexenio. Por la vanidad de no devaluar el peso de forma controlada, por no terminar su periodo como un presidente “devaluado”, permitió que la bomba le estallara a Ernesto Zedillo. Llegó el peor año de la memoria: 1995. Con talento y disciplina presupuestaria, Zedillo rescató al país que volvía a crecer. Las instituciones estaban listas para la alternancia, para la evolución a la democracia. El PAN gobernó con algunos cambios importantes y el afán de fortalecer las instituciones, pero nunca cumplió su promesa de limpiar la vida pública. Sucumbió ante sindicatos y sus líderes como la maestra Elba Ester Gordillo. Se olvidaron de combatir la corrupción; la toleraron a la vista de todos. Dejaron que regresara el PRI. Eso lo dice todo.


Enrique Peña Nieto regresó con todos los vicios de su partido, pero sin todo el poder: habíamos logrado la pluralidad política y la separación de poderes que Ernesto Zedillo había promovido. El tiempo fue propicio para la llegada triunfal de un populista carismático. Andrés Manuel López Obrador convenció de que la Cuarta Transformación sería diferente. Aunque mejoró el ingreso de los olvidados mediante programas sociales, dejó el país endeudado y sin crecimiento. Claudia Sheinbaum aún no define su proyecto porque depende de la herencia obradorista. En 2027 veremos la opinión de los electores.


El país depende de los personajes que lo gobiernan, de su carácter, prejuicios, competencia o ignorancia. En el camino, en lugar de consolidar instituciones, perdimos la separación de poderes, la independencia del órgano electoral y la competencia y la sobriedad del Poder Judicial. En los estados y en los municipios se repitió la historia. Vienen tiempos de enormes retos, y el principal será mantener la cohesión social tras tantos conflictos y divisiones. Esperemos que las instituciones resistan, que tengamos el tiempo de regresar a la pluralidad y a la democracia.

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Enrique Gómez Orozco
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