Posverdad, ciudadanía, y pensamiento crítico

Actualmente vivimos en la Era de la Posverdad, y eso afecta la manera en la que nos relacionamos comunitariamente y cómo legitimamos o deslegitimamos al poder. En esta era ha cambiado la manera en cómo interpretamos la realidad, y la forma en la que los grupos de poder tienen la capacidad de impulsar narrativas propagandísticas para confundir, manipular, y -finalmente- desgastar a la opinión pública de tal modo que la sobreinformación resulte en apatía y desinterés en temas que son de importancia vital.

Las redes sociales han sido un campo de batalla en la guerra de narrativas; mientras que los medios de comunicación tradicionales, como la televisión, el radio; o los medios impresos, revistas y periódicos, informan poco, mantienen una línea editorial clara que suele afectar la imparcialidad, y la obligación periodística de verificar lo que se publica hace que el flujo de información sea mucho más lento que la vorágine de noticias falsas que circulan en redes y medios alternativos.

A esto se refiere el concepto de la Era de la Posverdad. En este contexto, los hechos y la realidad objetiva pasan a un segundo plano, y el criterio de las personas termina formándose a partir de las emociones, los prejuicios y creencias personales, y la desinformación. Así, en la posverdad, no se trata sólo de mentir, sino de lograr que la verdad se vuelva irrelevante.

El objetivo de esto es lograr que la ciudadanía pierda herramientas intelectuales de pensamiento crítico, para conseguir masas de personas manipulables emocionalmente y con poco criterio racional. Esto es favorable a los regímenes populistas, a los gobiernos totalitarios, y a las élites corruptas que viven por encima de la ley.

Por ello, la posverdad erosiona la democracia. Al volver irrelevante el concepto de verdad, y suplantarlo con una interpretación de la realidad basada en sesgos cognitivos y prejuicios emocionales, cualquier cosa puede pasar como posible. Esto le quita poder a la ciudadanía, y una ciudadanía débil es un camino abierto que nos conduce a las tiranías.

El reto ciudadano es permanecer críticos, fortalecer habilidades epistemológicas para cotejar información, validar datos, comparar fuentes, y construir criterios apegados a la realidad. Así, la ciudadanía tendrá mejores herramientas para discernir, para elegir electoralmente, para organizarse, y para demandar lo que en realidad es importante. Por eso, en la democracia, la verdad importa.

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Alan Santacruz
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