Servicios de Inteligencia y Espionaje político
Todos los gobiernos tienen servicios de inteligencia que cumplen la función de recabar información sensible de carácter político, para analizarla a fin de ofrecer a las y los titulares del poder ejecutivo escenarios prospectivos y retrospectivos que permitan anticipar crisis y preservar la gobernabilidad. Aunque idealmente la vocación de los servicios de inteligencia debe estar asociada al desarrollo político en marcos de gobernanza, históricamente estos servicios se han utilizado con fines de espionaje para objetivos menos nobles que la gobernabilidad.
El comentario viene a cuento por la reciente filtración de una reunión privada que sostuvieron Andy López Beltrán; su hermano Bobby; Daniel Asaf, exjefe de Ayudantía de la Presidencia; Juan Domingo Beckmann, dueño de la tequilera José Cuervo; y Mauricio Garduño, empresario tecnológico. La reunión se realizó el 24 de agosto en un restaurante de lujo de la Ciudad de México, con una duración cercana a las cinco horas. Para ello, el local fue cerrado al público durante la reunión, y los guardaespaldas de los asistentes permanecieron afuera resguardando el perímetro.
Esto lo sabemos porque se hizo público, gracias a una crónica periodística acompañada de una serie de videos tomados desde afuera del restaurante. Pero, más que la reunión o su contenido, conviene pensar en las personas que recabaron el reporte de la reunión. Primero, el cómo tuvieron conocimiento de la agenda de los juniors y de los empresarios. Segundo, cómo tuvieron la capacidad para estar relativamente cerca del sitio sin ser detectados, o la capacidad para tener la colaboración de la escolta. Tercero, cómo tuvieron el equipo técnico de cámara para obtener imágenes de calidad, de noche, a distancia. Cuarto, cómo tuvieron la posibilidad de filtrar el reporte a uno de los periodistas más importantes del país, quien ha sido crítico del régimen.
Esto ocurre en una coyuntura en la que Morena vive fuertes tensiones internas, por varios factores que confrontan al grupo de la presidenta con el grupo del expresidente, tales como: el intervencionismo jurídico y político de Estados Unidos sobre México; la crisis institucional con las licencias a Rubén Rocha Moya; la detención de Fausto Corrales, testigo clave del secuestro del Mayo Zambada y del asesinato de Melesio Cuén en Sinaloa; el traslado desde Argentina a México de Fernando Farías Laguna, sobrino del Secretario de Marina de López Obrador, por la investigación del huachicol fiscal; el reconocimiento que la DEA extendió en Argentina a Omar García Harfuch; y la carta con la que Andy anunció que Estados Unidos le retiró la visa.
En este contexto turbio es importante preguntar ¿Qué Servicios de Inteligencia mantienen un seguimiento cerrado al hijo del expresidente? ¿Son civiles o militares? ¿Son funcionarios públicos, o contratistas privados? ¿Son nacionales o extranjeros? ¿La filtración a la prensa es un aviso de la presión a ciertos grupos, o la búsqueda de crear y controlar la narrativa? ¿Se trata de “fuego amigo”, o una escalada en el intervencionismo contra México?
En la respuesta a estas preguntas se encuentran las pistas sobre los golpes políticos que se vienen en el lapso comprendido entre el arranque de los procesos electorales en México, de septiembre a octubre; y las elecciones de medio término en Estados Unidos en noviembre. Como sea, la ciudadanía crítica no debe caer en la dicotomía entre el defender la soberanía y el solapar a políticos criminales en nuestro país. Perfectamente es posible criticar el intervencionismo extranjero, y -al mismo tiempo- ser críticos ante la clase política que se ha beneficiado del huachicol, los contratos gubernamentales, la vinculación con el narco, y la corrupción nacional.
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