Sionistas, Israelíes y Judíos
Actualmente, el gobierno de Benjamín Netanyahu ha dinamitado los entendimientos de paz entre Estados Unidos e Irán, ha invadido el Líbano, ha cometido genocidio sistemático en Gaza, y ha tendido sus redes de coacción en la clase política norteamericana para asegurar el apoyo de Trump. Todo esto enfocado a la guerra de expansión y ocupación sionista, que busca construir en medio oriente lo que llaman “El Gran Israel”.
Este proyecto de El Gran Israel es una fantasía religiosa basada en el concepto de “La Tierra Prometida”. Esto consiste en la expansión de un mega territorio controlado por el Estado Israelí que implica la conquista de países y el desplazamiento forzado de poblaciones que viven en esas zonas.
Actualmente, los israelíes ocupan ilegalmente territorios más allá de sus fronteras reconocidas internacionalmente. Estos territorios son: Cisjordania, Franja de Gaza, los Altos del Golán en Siria, y una franja del sur de Líbano. Este proyecto de conquista y expansión ilegal se basa en una guerra que utiliza la religión, y es un proyecto sionista.
Por ello, conviene repasar las diferencias entre judío, israelí, y sionista; porque -en este contexto- los agresores se victimizan y hacen ver como antisemita a quien critica los crímenes de lesa humanidad cometidos por Netanyahu y su proyecto de expansión. Así, podemos entender el antisemitismo como aquel discurso de odio que propaga hostilidad, prejuicios, y discriminación hacia el pueblo judío, basándose en motivos religiosos, étnicos, y culturales. Sin embargo, criticar las malas acciones de la clase política israelí no implica ser antisemita; ya que son cosas distintas.
De este modo, entendemos como Judíos a las personas con pertenencia étnica, cultural y religiosa al judaísmo y a las poblaciones semíticas hablantes del hebreo. Así, ser judío es una identidad étnica; tal como ser purépecha, o ser hindú. De esta manera, un purépecha, un hindú, o un judío, pueden ser ciudadanos de cualquier país del mundo, y no necesariamente estar vinculado a la nacionalidad del país originario. Por eso, hay judíos europeos, o judíos mexicanos; por ejemplo.
Ser Israelí implica ser ciudadano del Estado de Israel. Aquí hablamos de una nacionalidad. Los ciudadanos de ese país pueden ser judíos (la mayoría lo son), pero también hay ciudadanos israelíes con identidad étnica árabe musulmana, cristiana, o de ascendencia europea. En la segunda mitad del siglo XX, el recién creado Estado de Israel ofreció fuertes apoyos económicos, laborales, y de vivienda, a los judíos de otros países para que obtuvieran la nacionalidad israelí y fueran a poblar ese país.
Por otro lado, ser Sionista apoyar al sionismo; el movimiento político nacionalista pro israelí que promueve la idea de que un dios de un libro sagrado ancestral tomó a una tribu de medio oriente como Pueblo Elegido, y por eso tiene el deber religioso de apoyar la expansión de los descendientes de esa tribu con tal de habitar esa fantasía de la Tierra Prometida, por encima de la vida y el hábitat de otras poblaciones igual de ancestrales. De esta manera, un sionista puede ser de cualquier nacionalidad o profesar cualquier religión; o sea que no necesita ser ni judío ni israelí. Javier Milei, los televangelistas cristianos de Estados Unidos, o el recién electo presidente de Colombia, son ejemplos de sionistas no judíos y no israelíes.
En ese sentido, ser anti sionistas no nos hace antisemitas. Así, señalar el genocidio israelí y la participación de Netanyahu en crímenes de lesa humanidad no implica un discurso de odio contra los judíos. Al contrario; no todos los judíos son sionistas, de hecho, en el mundo hay cada vez más judíos que buscan desmarcarse de las atrocidades cometidas por el gobierno israelí. De esta manera, la crítica no debe ser contra una identidad étnica, sino contra un proyecto de expansión ilegal y de ocupación política a costa de la vida de personas inocentes. Quien tenga oídos, que oiga.
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