Cambio de arquitectura de poder
La noche del 28 de mayo se descompusieron los demonios y llegaron hasta las conciencias de nuestros representantes populares allá en San Lázaro.
Qué vergüenza. Nos dieron una alborada, ¡otra! Cambio de arquitectura de poder. En el marco jurídico, ¿qué significa alargar 18 años a los magistrados electorales?
La naturaleza del cargo electoral no son jueces ordinarios, arbitran la competencia por el poder. No se nos olvide, deciden quién gana, quién pierde, qué se anula y qué se valida. Su función está en el corazón del principio de certeza y de derecho a votar y ser votado.
Extender el período de estabilidad a una captura a largo plazo, un período de hasta 18 años rompe con la lógica de la rotación razonable, también con la renovación escalonada, también con el control democrático indirecto.
En la práctica, significa que una sola mayoría política puede nombrar magistrados que seguirán diciendo lo que ocurra en las elecciones durante tres o cuatro ciclos sexenales. Se les pasó la mano. ¿Cuál sería la tesis jurídica que invoco? La extensión del periodo no es neutra.
Altera el equilibrio entre independencia judicial y control democrático. Inclinándolo hacia una independencia formal, pero a una dependencia de origen muy prolongado. La lectura política que podemos dar son blindaje, captura e hipoteca al futuro.
El blindaje de la mayoría que nombra magistrados por 18 años no solo gobierna hoy, sino que hipoteca al árbitro hacia un mañana largo. Es una forma de constitucionalización de la ventaja política, aunque cambie la correlación de fuerzas, el árbitro ya está definido.
Una captura sutil, pero burda. No se trata de una orden directa, sino de algo más fino: el magistrado sabe quién lo nombró, cuánto durará a su encargo y qué fuerza política hizo posible su permanencia tan prolongada.
La dependencia no es sólo jurídica, es psicológica y de contexto. El mensaje es tu horizonte de vida institucional depende de esta mayoría.
El efecto sobre la oposición, la oposición actual sabe, incluso, si gana elecciones futuras, el árbitro seguirá siendo producto de la mayoría de hoy. Esto genera una sensación de juego cargado, que erosiona la confianza en la imparcialidad del sistema. ¿Cuál es mi tesis política?
La ampliación de 18 años funciona como un mecanismo de captura a largo a largo plazo del árbitro electoral, disfrazándolo de estabilidad institucional. De la dimensión ética no hay prudencia, modestia de poder, ni límites. La ética del límite en democracia.
El poder se legitima no solo por lo que hace, sino por lo que se abstiene de hacer. Esto es importante de lo que ocurrió la noche del 28 de mayo. Alargar el periodo de 18 años es un gesto de poder sin modestia. La mayoría no se pone límites a sí misma, sino que extiende su sombra sobre el futuro.
Hay un conflicto de interés estructural. Un magistrado que sabe que su período es tan largo y que su remoción es prácticamente imposible, puede caer en dos extremos. Uno, conformismo complaciente con quien lo nombró. Y dos, aislamiento elitista, desconectado de la evolución social y política.
En ambos casos se rompe la ética de responsabilidad. El cargo deja de ser un servicio temporal y se convierte en posición de poder casi vitalicio.
Prudencia gubernamental ausente. La prudencia exige preguntar, ¿es sano que un árbitro electoral dure más que varios ciclos políticos completos?
Éticamente la respuesta es no porque la democracia vive de la renovación de sus intérpretes, no de su congelamiento. Mi tesis ética es que la ampliación de 18 años revela una ética de acumulación de poder, no una ética de servicio limitado y de responsabilidad.
Así estamos viviendo en estos avatares cuando escuchamos a las voces de esa mayoría que les otorgó ciertas trampas de interpretación, nos damos cuenta que ni el doctorado en derecho constitucional les ha servido para entender la mejor forma de servir a un país que es con humildad, sabiendo escuchar, discutir y dando la entrada a la pluralidad que somos México.
Quizá valdría la pena recordar al gran poeta Ramón López Velarde, la suave patria. Es suave porque a la patria se le trata con suavidad.
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