Corrupción: el enemigo en casa
Como es bien sabido, los países más prósperos son aquellos que han armonizado un círculo virtuoso entre la calidad y competencia de sus gobiernos y sus políticas; la fortaleza de su estado de derecho, y la profundidad con que la sociedad internaliza y vive el cumplimiento de la ley.
¿Esto es lo que sucede en México? Rotundamente no, y su posición en el Rule of Law Index 2026, el índice más importante en el mundo que evalúa el estado de Derecho, es revelador de que en este problema, como país y como sociedad, estamos metidos hasta el cuello.
Resulta que, en la última edición de ese informe, México aparece en el lugar número 125 sobre 143 países, por debajo de Zimbabue, Bangladesh y el Congo, una posición devastadora y vergonzosa. En cualquier país civilizado este resultado ya habría derribado al gobierno. Pero en México, no. Aquí la corrupción se alimenta de casos como SEGALMEX, los clanes familiares de Morena, el contrabando de combustibles y muchos otros ejemplos a nivel estatal y municipal, y no pasa nada.
La corrupción ha sido, en estos años, la marca de la casa.
El problema es sumamente grave. Ya alcanza el grado de metástasis donde las células cancerosas las representan la práctica de la corrupción abierta y descarada por parte de funcionarios a todo nivel y de una parte muy relevante de la sociedad.
El escándalo del INE de estos días no ha sido un caso aislado, sino sistémico, sistemático y crónico de hasta donde ha llegado la metástasis. Veamos.
López Obrador, el gobernador de Sonora y un senador de Morena, se coludieron los tres en 2023 para imponer, saltándose todas las normas éticas y legales, a una mujer incondicional para ocupar la presidencia del INE, ni más ni menos que el árbitro de unas elecciones en las que teóricamente pueden participar 100 millones de ciudadanos.
Para organizar esa operación tan compleja hay que proveer cualquier cantidad inimaginable de materiales y servicios, que a su vez los surten distintas empresas que pueden o no existir.
Lo primero que hizo esta señora fue nombrar directamente a unos 16-18 funcionarios de primer nivel, y otros 30 de segundo nivel, todos ellos sus cómplices incondicionales, con lo que acumuló el control pleno del instituto. A continuación, manipuló el resultado electoral del 2024 mediante el cual el INE le dio a Morena, con el 54% de los votos, el 74% de los escaños en la cámara de Diputados mediante un fraude a la Constitución.
Para completar la ingeniería de la corrupción, la ex presidenta del INE buscó a sus aliados para que fungieran como proveedores de todo lo que compra el INE de manera central, y finalmente tejió una red en 13 estados para que los organismos electorales locales, entre ellos el de Aguascalientes, asignara contratos mediante licitaciones presuntamente simuladas.
En suma, negocio redondo diseñado y operado por una delincuencia bien organizada.
Cuales son las lecciones que deja el episodio.
Una que no hay crimen perfecto, y tarde o temprano caen sus autores.
Otra, que la fuente más corrosiva de la ilegalidad en su aspecto económico --es decir, la asignación discrecional de contratos, el otorgamiento de permisos para abrir y operar negocios o en la industria de la construcción, y las compras gubernamentales--, reside sobre todo en una arquitectura regulatoria y administrativa opaca, en la nula capacidad de las personas que toman decisiones públicas, y en procesos y sistemas muy opacos y mal diseñados.
Y una tercera es que nadie puede ser indiferente a la corrupción pues adquiere una legitimación que facilita reproducirla o, peor aún, la convierte en inspiración porque ofrece un ascenso social y económico por la vía rápida.
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