¿Dónde estaremos en 2050?
Entre las muchas preguntas que los mexicanos no nos hacemos destaca una que me parece central y es donde nos gustaría vernos como país dentro de 10 o 20 años. Normalmente sí pensamos en que nos vaya bien en la vida en lo individual y que tengamos tales o cuales satisfactores, pero muy rara vez indagamos lo mismo hablando de eso que se llama México.
Pues bien, en 1993 vino a Aguascalientes Henry Kissinger, el legendario consejero de los presidentes norteamericanos, y alguien le preguntó dónde podría estar México en tres o cuatro décadas adelante. Su respuesta fue concreta: si todo va bien será un país desarrollado. Las cosas no salieron exactamente así y el país debiera preguntarse hoy donde quiere verse digamos en 2050 para lo cual falta poco.
En muchos sentidos, buena parte de México es mejor que el de la generación de mis padres, la de los años cuarenta.
Por ejemplo, pese a su desordenada expansión territorial es ya un país urbano, y 7 de cada diez habitantes viven en ciudades; la cobertura educativa (sin hablar de calidad) en primaria y secundaria es casi total entre los niños de 6 a 15 años; gracias al neoliberal TLCAN impulsado por Salinas y renovado con Peña Nieto, en 2025 se exportaron 664 mil millones de dólares mientras que en 1993 fueron 53 mil mdd y hay unos 10 o 12 estados razonablemente exitosos.
En cambio, en muchos rankings globales México aparece en los peores lugares.
En corrupción, es el 141 sobre 182 países; de las 50 ciudades más violentas del mundo, 20 son mexicanas; en el Índice de Estado de Derecho, está en el 121 entre 143; en Crimen Organizado Global, 3º lugar de 193 países incluidos; en el ranking de Competitividad Global clasifica en el 55 sobre 69, y en el Chandler Index, que evalúa a los países que están mejor gobernados, México está en el renglón 70 sobre 120.
Y todos estos pasivos Yalma no se resuelven ni con encuestas ni con conferencias matutinas ni con descalificaciones hacia los adversarios.
Como es evidente, México está atrofiado no solo en la trampa del “ingreso medio”, de la cual se sale con crecimiento, inversión, innovación, productividad e ingresos sostenidos, entre otras cosas, sino en otra peor: la trampa de la mediocridad, de la cual se sale con gobiernos excelentes; instituciones, leyes y burocracias imparciales y competentes; educación de muy alta calidad y, sobre todo, con la convicción cívica de que ha llegado la hora de cambiar de nave y de piloto.
En otras palabras ¿tiene México remedio? Sí, pero no para todos porque en un contexto nacional tan heterogéneo México es ya, más bien, muchos Méxicos. Cada estado tiene una dinámica propia, diferente y contrastante respecto de otros en términos económicos, sociales, educativos y de salud, y, tras el desastre de los gobiernos de Morena, la herencia será letal. Unos estados saldrán adelante y otros cruzarán la frontera de estados fallidos.
A Aguascalientes le puede ir bien si en los próximos años establece perfectamente las prioridades, las acciones estratégicas, si cuenta con gobiernos mucho mejores y más profesionales. De lo contrario se irá rezagando inexorablemente.
Algunas firmas globales de inversión serias pronostican que en 2075 México será la décima economía del mundo. Es posible pero eso es a largo plazo y como decía un famoso economista, Keynes, “en el largo plazo todos estaremos muertos”.
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