El elefante en la habitación: Los campos de exterminio que México no quiere ver

La historia nos ha enseñado que los peores horrores de la humanidad no surgen de la nada. Se construyen poco a poco, en la sombra, en la complacencia del silencio, en la normalización del horror. Un día aparecen en las portadas de los periódicos, pero llevan años gestándose en la impunidad.

Hoy, en México, hemos cruzado una línea que solo los más cínicos se atreverán a llamar "circunstancial". En Jalisco, han encontrado lo que solo se puede describir como un campo de exterminio. Un lugar donde la muerte no es un accidente ni una consecuencia, sino un fin en sí mismo.

En el siglo XX, llamamos "campo de concentración" a los sitios donde los nazis y otros regímenes totalitarios aniquilaron a quienes consideraban prescindibles. Auschwitz, Treblinka, Srebrenica, los gulags soviéticos, los campos de Pol Pot. Hoy, en pleno 2025, esas palabras ya no son patrimonio de la historia. Están aquí, en nuestro presente.

La gran pregunta no es cómo llegamos hasta aquí. Esa respuesta la conocemos bien: impunidad, corrupción, miedo, colusión. La pregunta es: ¿nos importa?

De la Historia a la Sangre en la Tierra

En 1945, cuando los aliados liberaron los campos de concentración nazis, no solo encontraron cuerpos apilados y hornos aún calientes. Encontraron otra cosa: la negación.

"Nosotros no sabíamos", decían los ciudadanos alemanes que vivían a kilómetros de distancia de Auschwitz o Dachau. "Nunca nos dimos cuenta", repetían, mientras caminaban entre los cuerpos, obligados a mirar lo que habían preferido ignorar.

Hoy, en México, ¿qué vamos a decir?

En Jalisco, se han encontrado restos humanos calcinados, fosas, hornos crematorios improvisados. No hablamos de ejecuciones aisladas. No hablamos de crímenes cometidos en un arranque de violencia. Hablamos de un sistema. Un aparato organizado de exterminio.

El crimen organizado ha perfeccionado la máquina de la muerte con la misma eficiencia de los regímenes más crueles de la historia. Secuestro, tortura, desaparición, incineración. Pero no lo hacen en secreto. No en realidad. Lo hacen a la vista de todos. Y aún así, el país entero sigue funcionando como si esto no estuviera ocurriendo.

¿Será que también diremos "no lo sabíamos"?
La Normalización del Horror

La historia nos ha dado suficientes advertencias. Primo Levi, sobreviviente de Auschwitz, nos lo dijo:
"Sucedió, por lo tanto, puede volver a suceder. Y si sucedió una vez, puede suceder en cualquier lugar."

Pero, ¿qué pasa cuando ya está sucediendo y no lo queremos ver?

En México, nos hemos acostumbrado a hablar de la muerte como quien habla del clima. Nos hemos acostumbrado a escuchar cifras de desaparecidos con la indiferencia con la que leemos los reportes financieros. Nos hemos acostumbrado a que las madres tengan que cavar la tierra con sus propias manos para encontrar los restos de sus hijos.

Hemos hecho de la tragedia una estadística, de la violencia una costumbre, de la impunidad una certeza.

Cada vez que se descubre una fosa clandestina, los medios lo reportan con frialdad. "Hallazgo de 47 cuerpos". "Identifican a cinco de los 100 restos encontrados en una finca". ¿Dónde quedó el escándalo? ¿Dónde quedó el grito de indignación?

Lo hemos normalizado tanto que la existencia de un campo de exterminio en Jalisco no ha paralizado el país. Seguimos con nuestras vidas. Seguimos con nuestras rutinas.

Nosotros también estamos en negación.

El Futuro que Nos Está Esperando

En los juicios de Núremberg, los testigos describieron con detalles escalofriantes lo que ocurrió en los campos de exterminio. Contaron cómo la maquinaria de la muerte se perfeccionó con el tiempo. Cómo al principio eran fusilamientos desordenados y luego evolucionaron a cámaras de gas, crematorios, trenes que transportaban miles de personas sin destino.

No fue inmediato. No ocurrió de la noche a la mañana.

México está recorriendo un camino similar, aunque con diferentes actores. No tenemos un gobierno que administra el exterminio, pero tenemos un crimen organizado que lo ha hecho parte de su modelo de negocio. No tenemos campos de concentración con rejas y torres de vigilancia, pero tenemos fincas convertidas en fábricas de muerte.

Nos gusta pensar que el horror es cosa del pasado. Que lo peor de la humanidad quedó en la historia. Pero no. La historia no es una línea recta, es un ciclo.

Y hoy, en México, estamos atrapados en uno de sus momentos más oscuros.

No Hay Excusas para el Silencio

La diferencia entre la barbarie y la civilización no es la ausencia de violencia. La diferencia es si decidimos enfrentarnos a ella o si elegimos ignorarla.

Hoy, en Jalisco, hemos visto de frente la cara más atroz de nuestra realidad. No es nueva, pero cada vez es más evidente.

Podemos seguir fingiendo que no es nuestro problema. Podemos seguir diciendo que es algo que solo le ocurre a otros. Podemos seguir aferrándonos a la idea de que esto es solo una "crisis de seguridad" y no un crimen contra la humanidad.

Pero la historia nos juzgará.

Y cuando alguien en el futuro pregunte: ¿cómo permitieron que esto pasara?, ¿qué vamos a responder?

¿Diremos que no lo sabíamos?

¿O diremos que no nos importó?

 

Las ideas aquí expresadas pertenecen solo a su autor, binoticias.com las incluye en apoyo a la libertad de expresión.

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Nadine Cortés
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