El "Zambada Gate": ¿quién mintió?

La decadencia comienza cuando una idea se vuelve intocable y no puede ser sometida a una crítica, que sabemos realmente qué elementos faltan, qué contradicciones existen, qué intereses políticos intervienen. La buena política defiende la duda frente a la certeza prematura.

La buena política precisa la defensa de la contradicción y de la subjetividad frente a los sistemas que pretenden explicarlo todo de manera que lo hacen desde un micrófono oficial.

El caso Zambada parece haberse convertido precisamente, en un campo donde coexisten versiones oficiales, versiones periodísticas, interpretaciones geopolíticas, lecturas partidistas.

Pero la buena política, desconfía de quien afirma poseer una explicación total y definitiva. La tendencia de gobernar como las sociedades de masas a uniformar el pensamiento y a convertir a las personas en repetidores de consignas no funciona.

No funciona en México porque hay una riqueza cultural más amplia que el propio interés de quienes gobiernan, que son los partidos políticos.

El problema no es el Mayo Zambada, sino el efecto que ha producido su figura como un símbolo político y la presa popular que ha sido de la conversación nacional que ha quedado retenida al alrededor de ese caso. Las palabras solo tienen sentido si desembocan en acciones reales.

La buena política, no se queda en abstracciones. 2 años después, la pregunta unamuniana no sería quién tiene la narrativa más convincente, sino qué resultados concretos produjo toda esa narrativa.

2 años de declaraciones, conferencias, acusaciones, filtraciones, posicionamientos políticos, de hechos sustantivos siguen poco claros y las consecuencias institucionales son escasas. Entonces, estamos en el terreno del decir más que del hacer.

Ahí está donde se revela un ejercicio falso de la política. El problema no radica, si la narrativa oficial sobre el Mayo Zambada es verdadera o es falsa, sino en la pretensión de convertir una interpretación política en una verdad suficiente.

La buena política, desconfía de los dogmas, defiende la contradicción como parte de la realidad humana y exige que las palabras desembocan en hechos. 2 años después, el país sigue atrapado en una conversación que gira alrededor del personaje y de las narrativas que lo rodean.

La pregunta unamuniana no es qué relato resulta más convincente, sino qué verdad vive o emerge entre los dos relatos y qué transformaciones concretas han producido.

La desconfianza surge cuando los ciudadanos perciben que la verdad ya fue declarada antes de que termine la búsqueda de la verdad. La buena política requiere duda, contradicción y examen permanente.

Cuando una narrativa política ocupa el lugar de esa búsqueda, la distancia entre gobernantes y gobernados tiende a ampliarse. Por eso empleé la pregunta unamuniana porque Miguel de Unamuno fue un personaje que nos heredó un pensamiento de claridad para esclarecer las contradicciones.
 

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OPINIÓN  El "Zambada Gate", ¿Quién mintió? Ignacio Ruelas Olvera
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