La patria no pertenece a una ideología, a un gobierno o a una oposición. Es un bien común que solo florece cuando la diferencia deja de convertirse en enemistad.
Una mayoría aplastante desde el punto de vista de las posiciones en el poder público y minorías que no han logrado desarrollar el discurso suficiente para oponerse de manera racional al despotismo de la mayoría.