Inflación: el respiro que no es tregua

Hace unas horas el INEGI publicó los datos del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) correspondientes a la primera quincena de abril. Las cifras siguen siendo motivo de cautela: la inflación anual se ubicó en 4.53%, con un repunte en la inflación subyacente —la que refleja el comportamiento de bienes y servicios— y una ligera disminución en la no subyacente. Los factores que explican estos movimientos continúan siendo fuentes de riesgo, por lo que resulta indispensable analizar más allá de la coyuntura para entender su posible trayectoria en el largo plazo.

Uno de los elementos más relevantes en la dinámica inflacionaria actual es el comportamiento de los energéticos. Desde la intervención de Estados Unidos en Irán, los mercados petroleros han mostrado episodios de volatilidad. El estancamiento en las negociaciones entre ambos países ha impulsado los precios internacionales del crudo, que registraron incrementos cercanos al 6% en días recientes.

En este contexto, el gobierno de México ha implementado diversas estrategias para contener el impacto en los consumidores. Entre ellas destacan los topes a los precios de la gasolina magna y el diésel —alrededor de 24 y 28 pesos por litro, respectivamente— así como la aplicación de estímulos fiscales. Estas medidas han contribuido a moderar el traslado de los aumentos internacionales hacia los precios internos y, en consecuencia, a contener presiones inflacionarias. Por otro lado, los ajustes estacionales en las tarifas eléctricas, asociados al inicio de la temporada de calor, han tenido un efecto compensatorio al reducir la incidencia de los energéticos en el índice general. 

No obstante, en una economía global e interconectada, las medidas locales enfrentan límites claros. Si los precios internacionales del petróleo continúan al alza, será cada vez más difícil sostener los actuales esquemas de control sin costos adicionales. Esto podría traducirse en ajustes al alza en los precios tope o en una mayor carga fiscal derivada de los subsidios, con implicaciones directas para las finanzas públicas.

Adicionalmente, el encarecimiento de los fertilizantes a nivel global está impactando directamente en los precios de los alimentos, particularmente en frutas y verduras, cuya inflación ha alcanzado niveles elevados. L, Productos básicos en la dieta mexicana, como el jitomate y el chile serrano, han sido de los más afectados, presionando el gasto de los hogares. 

En suma, si bien el gobierno ha logrado contener parte de las presiones inflacionarias en el corto plazo, persisten dudas relevantes sobre la viabilidad de estas medidas en el tiempo. La continuidad de los acuerdos con distribuidores de combustibles y la trayectoria de los precios internacionales serán factores decisivos en los próximos meses. Por ahora, la inflación ha mostrado cierto respiro; sin embargo, si las presiones externas persisten, es previsible que continúen trasladándose a los energéticos y, en cadena, a los alimentos. Porque en economía, como en los mercados, los equilibrios temporales rara vez son definitivos: lo que hoy se contiene, mañana encuentra la forma de manifestarse.

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Dafne Viramontes
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