La pluralidad no se logra con listas
La comunicación es un elemento clave en toda democracia que se precie de serlo. Eso requiere garantizar una serie de condiciones que permitan que las personas y los colectivos puedan expresarse y dialogar con libertad. Sin embargo, el miércoles pasado, en la conferencia Derecho de Réplica, Luisa María Alcalde, Consejera Jurídica del Gobierno de México, expuso lo que llamó un “ecosistema de amplificación digital”, al que denominó como una red coordinada, que tiene diferentes niveles. Para ello expuso listas de periodistas, medios, figuras políticas y otros perfiles, sin mostrar metodología ni evidencias.
En su exposición afirmó que hay una primera capa de medios y “comentócratas” que originan el mensaje; una segunda capa de personajes políticos que retoman, respaldan y politizan la información; una tercera capa de cuentas de ataque que reempaquetan y distribuyen el mensaje; y una cuarta capa o anillo de amplificación que repite el mensaje. ¿Cuál mensaje? Lo que llamó ataques al gobierno. Ante las críticas, tanto ella como la propia Presidenta, matizaron la información, negando que se trate de listas o que se haya afirmado que las y los periodistas son parte de la red coordinada.
Aquí tenemos varios problemas. De entrada, al inicio de la transmisión, Luisa María Alcalde recuerda que Derecho de Réplica es —y cito sus palabras— un “ejercicio que ha decidido tener el Gobierno para tener, en un espacio con más tiempo, tener una conversación directa sobre todos los dichos falsos que se mantienen cada semana en diferentes medios de comunicación, en espacios de redes sociales y también para poder explicar algunos fenómenos que se dan en las redes”. Es decir, sí hay una connotación de que lo que se expone está orientado a contrarrestar las noticias falsas.
Por otro lado, en las listas expuso nombres. El riesgo de apuntar hacia perfiles específicos y ponerles la etiqueta de opositores es grande. En lo que llamó la “primera capa”, puso en el mismo costal a periodistas, editorialistas y medios que, además, representan diferentes líneas editoriales y los nombró “medios y comentrócratas” y esa última palabra puede tener un sentido peyorativo. Colocarles en ese costal sostiene la narrativa que vimos desde el sexenio pasado de “si no estás conmigo, estás contra mí”. Esto se vincula con la polarización, si sólo hay esas dos posiciones posibles, a favor y en contra; y si una figura pública que ataca está en el mismo costal que un periodista crítico, entonces se niega el valor de la crítica legítima que es fundamental en las sociedades democráticas. Por lo mismo, esto borra la posibilidad de un diálogo plural, donde se puedan expresar diferentes posiciones con libertad.
A esto hay que sumarle el contexto en, por lo menos, dos sentidos. Por un lado, etiquetar periodistas en un país que, ya de por sí, es uno de los más riesgosos para ejercer el periodismo es algo que no debería hacer nadie, mucho menos quien está en el poder. Por otro lado, hacerlo justamente mientras están en consulta los Lineamientos Generales para la Protección de los Derechos de las Audiencias, abona a la discusión en torno a quién define qué es información falsa. Por cierto, en este punto, reitero mi posición, sí es necesario proteger los derechos de las audiencias, pero valdría la pena recuperar los organismos autónomos para esto.
Para cerrar, me gustaría retomar lo que han planteado filósofos como Miguel Benasayag y Angelique del Rey, en el sentido de que nos hicieron creer que la democracia requiere que todas y todos estemos de acuerdo, pero, en sociedad tan diversas, debemos saber valorar el desacuerdo y convivir con la diferencia. Eso no se logra con listas.
Derecho de réplica, miércoles 12 de agosto 2026. Palacio Nacional
https://www.youtube.com/watch?v=IZoTRXTTmLo
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