Las 4 últimas y nos vamos

Leo, de manera inevitable, que la FIFA de Infantino está bajo sospecha; como si no lo hubieran estado ya bajo los mandatos del brasileño Havelange y el también suizo Blatter; en una cosa podemos coincidir, siempre y cuando no seamos ilustres miembros de la organización, lo cual creo que no es ni mi caso, ni el de mis veinte lectores (ando generoso conmigo mismo): la Federación de marras no es una corporación de filántropos, ni una asociación de beneficencia.

Cuentan que fue el británico Stanley Rous, el que, aprovechando la emergencia de las transmisiones satelitales, quien vio el filón comercial que tendría el torneo (fue presidente de la FIFA del 61 al 74), si se retransmitía a todo el mundo, se cobraban derechos por ello y se rellenaban las arcas de la agrupación con las ventas de publicidad. Por cierto fue Rous, quien decidió que la Alemania Federal fuera sede del mundial del 74, cuando estaban frescos los hedores de sangre que Hitler derramó por toda Europa y la Guerra Fría en uno de sus momentos más candentes.

Hay dos hechos poco recordados de aquel torneo alemán, que fue el último que organizó el inglés (que se negaba a incluir países asiáticos y africanos en la justa). El primero que en él participaron las dos alemanias, la Federal y la extinta RDA y que, para más colmo, la segunda hubiera logrado el primer lugar de su grupo, dejando a los luego campeones en segundo lugar de ese Grupo Uno, en la primera fase.

El segundo es de otra naturaleza, siniestra por cierto. Para el repechaje la también desaparecida URSS, tenía que eliminarse con Chile en juegos recíprocos en Moscú y en Santiago. La ida, en el Estadio Lenin de la capital soviética, se empató sin goles y el regreso, en el Nacional de la capital chilena, no se jugó: los soviéticos alegaron que no podían jugar un partido en aquel recinto, usado un año antes por Pinochet y sus gorilas, como campo de detención de miles de presos políticos, contra el golpe contra Allende.

Los inspectores de esa hermosa agrupación de la que hablamos, fueron a ver ese campo de exterminio y dijeron que se podía allí jugar perfectamente. Total que son miles de personas torturadas y unas cientos de asesinadas. Allí, donde fue recluido, torturado y luego ejecutado Víctor Jara, escribió su último poema, “Somos 5 mil”. El recinto, por cierto, hoy se llama Estadio Víctor Jara. Pero allí, cuando se debió jugar aquel juego de vuelta, los soviéticos no aparecieron, los chilenos saltaron a la cancha, metieron un gol ante un adversario imaginario y se fueron tan contentos al mundial alemán –donde México no compareció tras la vergonzosa eliminación por parte de Haití.

No fueron mejor las cosas con el Mundial de 78, cuando Argentina estaba bajo las botas criminales de Videla, Massera y Agosti, tras el golpe del 78; y su seleccionado se clasificó a la final gracias a aquella sospechosa goleada de 6-0 al equipo del Perú, en otro de los muy frecuentes escándalos que nos regala la FIFA, vinculada demasiado estrechamente a la política y al poder económico.

Hay un relato, ficticio pero terriblemente verosímil, de Rodrigo Fresán que, en su Historia Argentina, habla de unos desaparecidos sacados de la ESMA o de otro antro de esos, para llevarlos al país de nunca jamás, en uno de esos ‘vuelos de la muerte’; hablo de memoria, pero los torturadores deciden, para darles ‘una última alegría’, llevarlos a dar una vuelta, camino de algún aeródromo militar, alrededor del Obelisco de la Avenida de Junio, donde una multitud festeja el triunfo de la selección, que se impuso en la final a la entonces Holanda de Cruyff y compañía.

No estuvo, no está, exento de sus escándalos este mundial, el de Trump, Infantino, y la Argentina que es llevada sobre rieles –dicen por allí–, al que a partir de hoy le quedan 4 partidos, incluido ese que ‘nadie quiere jugar’, que es el del tercer lugar del sábado (y que los mexicanos jugaríamos más que gustosos, por cierto). Lo que quedará es esperar al siguiente, el que organizarán la convulsa España, el ahora plácido Portugal y el Reino de Marruecos que, como sea es una monarquía semi constitucional (casi como nosotros), que hasta tiene un parlamento elegido democráticamente, y es uno de los países islámicos que podemos considerar moderados.

En fin, las últimas 4 justas, que espero que lo sean, y sanseacabó otra vez.

Abur.

 

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Agustín Morales
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