Laureana Wright

En días pasados, las redes sociales tuvieron una exhibición de ignorancia retrógrada. Personajes públicos propusieron cosas insensatas, como el tal Javier Albarrán, quien habló de eliminar el voto de las mujeres para restringir el sufragio a un voto patriarcal por hogar; o una tal Natalia Torres, quien propuso que sólo pudieran votar personas con cierto nivel de escolaridad; o el personajazo de Eduardo Verástegui, quien afirmó que México necesita un dictador benevolente.

A todas luces, las personas que emiten opiniones como éstas, padecen severos sesgos que les impiden ver más allá de su burbuja, de sus privilegios, o de su personalísima y chabacana forma de entender lo que ellos consideran correcto, pero que -evidentemente- no lo es. Uno de los sesgos intelectuales que padecen es la falta de perspectiva temporal, así como la soberbia de pensar que el presente es superior. Cuando esto sucede, se tiende a pensar que los problemas actuales son totalmente nuevos, por lo que intentan abordar soluciones desde lo poco que conocen del presente y del pasado. 

Igualmente, otro de los sesgos que padecen es el del Síndrome Dunning-Kruger, un sesgo cognitivo paradójico: ahí, las personas con más conocimiento, experiencia, o habilidad en un tema, ven lo inmenso y complejo de ese tema, por lo que tienden a sentirse más desconfiados de su propio juicio; mientras que, las personas más ignorantes en el tema, lo tratan de manera reduccionista creyéndose expertos rápidamente, y opinando de asuntos que no conocen. Así, los más preparados opinan menos, y los menos preparados terminan por proponer ideas simplistas para problemas complejos por no saber cómo funciona la realidad.

El problema es que, al expresar su ignorancia, terminan lanzando propuestas retrógradas que buscan menoscabar los derechos políticos, la lucha por la equidad de género, y las libertades civiles. Por eso, es necesario volver a revisar la aportación histórica de personas que la historia ha dejado atrás, pero cuyo legado es indispensable en la realidad actual.

Una de estas personas es la periodista, pensadora, y activista Laureana Wright. Ella nació en Taxco, Guerrero, en 1846. Laureana fundó el primer medio de comunicación feminista en México: la revista Violetas del Anáhuac, en 1887, como un periódico científico y literario, elaborado por y para mujeres. Ahí se exponía la idea de que la educación femenina es el principio de la emancipación de la mujer y el cuestionamiento de los roles de género; además de impulsar el sufragio femenino y la equidad entre hombres y mujeres. 

Laureana vivió la guerra entre Estados Unidos y México, la Guerra de Reforma, la intervención francesa, el imperio de Maximiliano, y la República Restaurada. Fue miembro de la Sociedad de Netzahualcóyotl, de la sociedad científica El Porvenir, del Liceo Hidalgo, del Liceo Altamirano, y de la Sociedad Espiritista de la República Mexicana. En su trayectoria, fue crítica de Porfirio Díaz, y exhibió la misoginia de los clubes masónicos en los que la mujer era vista como inferior al hombre. Además, Laureana fue poeta, y destacó como biógrafa de Sor Juana Inés de la Cruz.

Laureana brilló en un México machista. Ese mismo México machista la omitió deliberadamente en los libros de historia. Por eso, cuando veamos en redes sociales que hay personajazos proponiendo dictaduras, sufragio patriarcal, o umbrales académicos para votar; es momento de vencer los sesgos y recordar a Laureana Wright.

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Alan Santacruz
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