Lindsay Clancy: Cuando pedir ayuda no basta

A las mujeres les hemos enseñado una ruta casi perfecta.

Si tienes miedo, habla. Si te violentan, denuncia. Si algo ocurre con tu salud mental, pide ayuda. Si no funciona, insiste.

El problema comienza después.

En México, dos de cada diez mujeres desarrollan depresión durante el embarazo o durante el primer año después del parto. Tres de cada cuatro no reciben atención. INEGI, además, ha encontrado que 16.3% de las mujeres adultas experimenta sentimientos depresivos más de la mitad o casi todos los días.

No parece, entonces, que estemos frente a experiencias excepcionales.

Pero hemos colocado una parte enorme de la responsabilidad en ellas: reconocer que algo ocurre, encontrar dónde acudir, explicarlo correctamente y seguir pidiendo ayuda hasta conseguir que alguien comprenda.

Con la violencia sucede algo parecido. Siete de cada diez mexicanas han experimentado alguna forma de violencia a lo largo de su vida y la ENDIREH sigue encontrando bajos niveles de búsqueda de apoyo institucional o denuncia.

Después preguntamos por qué no denunciaron.

La pregunta menos frecuente es qué aprendieron las que sí lo hicieron.

Un juicio que ocurre ahora mismo en Massachusetts está convirtiendo esa pregunta en una discusión internacional.

Lindsay Clancy está acusada de matar a sus tres hijos en enero de 2023. Su defensa reconoce que los mató, pero sostiene que sufría psicosis posparto y que había perdido contacto con la realidad. La fiscalía afirma que actuó consciente y premeditadamente. El juicio está todavía en curso.

Lo extraordinario ha aparecido en los meses anteriores al crimen.

Clancy pasó por profesionales de salud mental, medicamentos, líneas de crisis y hospitalización. Su familia ha declarado sobre paranoia, insomnio, pensamientos suicidas y un deterioro progresivo. Esta semana, Susan Clancy, su exsuegra y abuela de los tres niños muertos, describió a Lindsay como una mujer que estaba rogando ayuda.

El juicio está haciendo ahora algo que el sistema sanitario aparentemente nunca logró hacer con la misma profundidad: reunir toda su historia.

Y alrededor de esa contradicción comienzan a organizarse otras mujeres.

Stand in Peace for Lindsay prepara concentraciones en distintas ciudades estadounidenses e incluso fuera del país. Al mismo tiempo, organizaciones de salud mental materna impulsan en Massachusetts una reforma para que mujeres acusadas de delitos durante el periodo posparto sean sometidas rápidamente a evaluaciones especializadas y para que esos padecimientos puedan ser considerados por el sistema penal.

No sabemos si Lindsay será declarada culpable.

Tampoco sabemos si esas mujeres conseguirán cambiar una ley.

Pero quizá estén colocando una pregunta que México debería hacerse antes.

¿Qué ocurre después de pedir ayuda?

Porque una mujer puede estar condenada mucho antes de llegar ante un juez: condenada a identificar sola lo que le ocurre, tocar las puertas correctas, soportar que cada institución conozca sólo una parte y, además, conservar suficiente lucidez para seguir insistiendo.

Y si algo finalmente ocurre, la responsabilidad vuelve completa sobre sus hombros.

Entonces sí aparece el sistema entero.

Investiga, integra expedientes, reconstruye horarios, encuentra especialistas y determina responsabilidades.

Quizá llevamos demasiado tiempo enseñando a las mujeres a pedir ayuda.

Lo que todavía no hemos construido con la misma precisión es un sistema que sepa qué hacer cuando finalmente la piden.

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Las ideas aquí expresadas pertenecen solo a su autor, binoticias.com las incluye en apoyo a la libertad de expresión.

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