Los nuevos partidos políticos
La novedad que tenemos en estos días es que al sistema de partidos se le unen dos nuevos partidos políticos. El Consejo General del INE resolvió el registro de dos nuevos partidos y dos que no lograron obtener el registro.
Pero lo verdaderamente relevante no es el número sino lo que esta decisión revela. El Estado mexicano está obligado a defender la legalidad, incluso cuando la política intenta erosionarla. La sesión del INE fue una suerte de tomografía del sistema político.
Paz y somos México músculo y legalidad, pero también advertencias. Construyendo Sociedades de Paz llega con una estructura sólida, pero con un ADN confesional que debe encender las alarmas en un estado laico.
Somos México por su parte representa una apuesta cívica, pero enfrenta el riesgo de convertirse en un actor testimonial si no logra construir presencia nacional real. Deberán demostrar operar dentro de la ley y no al margen de ella estos dos nuevos partidos, Paz y Somos México.
Por otra parte, México Tiene Vida y que Siga La Democracia no cayeron por falta de apoyo ciudadano, sino por algo mucho más grave, irregulares irregularidades sistemáticas, violaciones a la ley y prácticas que comprometen la integridad del sistema electoral.
Ministros de culto operando asambleas, afiliaciones manipuladas, intentos de soborno, uso de inteligencia artificial para simular registros, omisiones de gastos, investigaciones financieras abiertas. No son fallas técnicas, son señales de alerta sobre la cultura política que algunos actores están dispuestos a normalizar.
El Estado, no puede ser espectador. La decisión del INE no es un triunfo administrativo, es un recordatorio de que el Estado constitucional tiene la obligación de poner límites, incluso cuando estos límites incomodan a quienes buscan atajos para entrar al sistema de partidos.
Porque si el estado no regula, otros ocupan su lugar. Si el estado no fiscaliza, la simulación se vuelve norma. Si el estado no defiende la legalidad, la política se convierte en un territorio de impunidad. La democracia no se sostiene sola.
Requiere un Estado que atienda que la ley que atienda y entienda que la ley no es es negociable. La tomografía de nuevos partidos políticos revela algo mucho más profundo. Primero, un sistema de partidos está sustentado de proyectos sin densidad ideológica.
Muchos nacen de redes, causas o intereses, no de plataformas pragmáticas. El registro no puede ser un botín, una busca de franquicias. Dos, la fiscalización es hoy la última defensa democrática. Sin ella, la puerta queda abierta a la infiltración religiosa, al financiamiento opaco o a la simulación tecnológica.
Tres, el Estado debe asumir su responsabilidad sin ambigüedades. No basta con revisar expedientes, debe garantizar que los partidos cumplan la ley antes, durante y después del registro. Cuidar la democracia es cuidar la esencia del Estado.
El Estado constitucional no requiere vigilantes ni partidos satélites, ni organizaciones que confundan fe con política o movilización con legalidad. Requiere instituciones fuertes, árbitros autónomos y partidos políticos que entiendan que la ley es el piso común de toda vida democrática. Cuando el estado falla, aparecen los atajos.
Cuando el estado se ausenta, aparecen los oportunistas, cuando el estado se debilita aparecen los vigilantes, políticos o armados que prometen orden mientras erosionan la legalidad.
La decisión del Instituto Nacional Electoral es un recordatorio: la democracia solo sobrevive si el estado cumple su deber y ese deber no admite excepciones. Bien, por el Consejo General del Instituto Nacional Electoral que cumplió cabalmente con la responsabilidad que tiene bajo su mandato.
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