Operaciones de falsa bandera
En los servicios de inteligencia se utiliza el término de “Operación de Falsa Bandera” para nombrar a la acción hostil puntual, usualmente de carácter bélico -pero también político o económico-, realizada de manera encubierta para atribuir la agresión a un tercero, con la finalidad de justificar con eso una acción defensiva, una invasión, o un contra ataque.
El término comenzó a usarse en el Siglo XVI, en el ámbito de la piratería naval que Inglaterra ejerció contra otras potencias marítimas. En ese contexto, barcos ingleses encubiertos utilizaban la bandera de otras fuerzas navales para realizar ataques, a fin de que se culpara por ello a flotas de otros países.
Son numerosos los ejemplos históricos de las Operaciones de Falsa Bandera. En México, quizá el caso más antiguo sea el magnicidio contra Moctezuma, durante la toma de Tenochtitlán. Ahí, los españoles asesinaron al tlatoani, pero encubrieron la acción para hacer pasar el homicidio como si la turba mexica hubiera apedreado a Moctezuma.
Otro ejemplo emblemático ocurrió en 1939, en Gleiwitz, Polonia. Ahí, oficiales nazis vestidos con uniformes del Ejército polaco atacaron una emisora de radio y lanzaron amenazas contra Hitler. Esa Operación de Falsa Bandera fue el pretexto para que el Tercer Reich invadiera Polonia.
Otro ejemplo, ahora de los japoneses. En 1931, militares nipones explotaron vías férreas que ellos mismos estaban construyendo en Manchuria. Japón culpó a China del ataque, y con eso justificó su invasión en la región. Un ejemplo más, por parte de Rusia: en 1939, militares soviéticos dispararon contra el pueblo ruso de Mainila, culparon al ejército de Finlandia; de esta manera justificaron la Guerra de Invierno entre la URSS y los finlandeses.
Pero no todas las Operaciones de Falsa Bandera consisten en una participación activa de la presunta víctima, encubierta como victimario, para culpar a un tercero y con eso impulsar acciones bélicas que de otro modo serían injustificables. Muchas veces estas operaciones tienen éxito porque la presunta víctima puede impedir el ataque, y decide no hacerlo para que la agresión suceda y pueda con ello justificar un contra ataque más violento.
Ejemplos como este son: el ataque a Pearl Harbor; en el que la inteligencia estadounidense sabía que Japón iba a bombardear la base naval norteamericana, y decidió no impedirlo para justificar la entrada de Estados Unidos a la Segunda Guerra Mundial. Otro ejemplo es el del Incendio del Reichstag, en Alemania en 1933, cuando el partido Nazi sabía que los socialistas iban a hacer un atentado contra el parlamento, y no lo impidieron para que ocurriera y así justificar el totalitarismo de Hitler, incluyendo la cancelación de las libertades civiles en Alemania.
En contextos más contemporáneos, existe la duda razonable de que atentados como el del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, o el del 7 de octubre en Israel fueron Operaciones de Falsa Bandera, en las que o el país víctima ignoró deliberadamente los reportes de inteligencia que advertían de los ataques para justificar la invasión -respectivamente- a Afganistán o a Palestina; o que -directamente- los países víctimas financiaron y orientaron los ataques para justificar agresiones posteriores.
Saber esto es importante en el contexto actual, en el que la desinformación, las fake news, las narrativas manipuladas, y las realidades manejadas desde el poder, son cosa de todos los días. Por eso, hoy más que nunca, hay que entrenar el pensamiento crítico, saber cotejar fuentes, apelar a la verosimilitud, y saber distinguir la propaganda del periodismo.
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