Perspectiva: Cuba libre muy pronto
Pronto Cuba será libre, más rápido de lo que se piensa, porque sus reservas se han agotado y no queda más que dolor y desesperanza. Sin luz, combustibles, agua y limpieza; sin el poco petróleo que envió México; con Venezuela maniatada, el destino y los números dicen que en pocas semanas pueden suceder dos cosas: el dictador Miguel Díaz-Canel pacta con Estados Unidos una transición a la libertad, o el pueblo famélico y hambriento, cansado, agotado por la situación, se levanta en rebeldía, con el Ejército por delante.
Cuando eso suceda, podemos hacer un recuento de los daños causados por el comunismo instaurado en la isla desde el principio de los sesenta. Aquella ideología que nos hacía soñar cuando jóvenes, cuando predicaban la Teología de la Liberación de la mano del Capital de Marx, aquellos tiempos de puro idealismo envejecieron en el fracaso político y social más profundo.
Al tiempo supimos que era veneno cuando, una tras otra, las libertades se cancelaron para dejar paso al dogmatismo castrista, a la mentira del “bloqueo” y a su llanto permanente. El igualitarismo destruyó la iniciativa; el autoritarismo y la dictadura convirtieron a la isla en una cárcel. Todos quienes podían huían a Florida, a Europa o a donde pudieran. Un ejemplo de la tragedia. Antes de la pandemia, la isla tenía más de 11 millones de habitantes; hoy, unos 8.5 millones. Cuba en 2019 tenía casi el doble de población que Guanajuato, que, con 6.1 millones, produce unas 5 veces más que Cuba.
Tan sólo imaginar la vida sin electricidad durante 20 horas o tener que hacer cola durante horas, como lo hacíamos en diciembre de 2019, hace temblar la voluntad de cualquiera. Mientras tanto, el presidente Díaz-Canel se atreve a decir que la culpa es de la militancia comunista y que la solución es un cambio de mentalidad en la población. A la herida le añade limón.
Para México y los demás países latinoamericanos llega la gran lección. Cuba nos hizo mucho daño porque quiso exportar su fracaso y, con envidia, envenenó a un pueblo que era próspero antes de la Revolución. Luego se convirtió en una nación parásita, primero del bloque soviético, luego de Venezuela y, en cierta medida, de México. Como en todas las dictaduras, sus líderes se enriquecieron a costa de las mayorías.
La imagen del Ché Guevara circuló por el mundo en playeras, calcomanías y pósters como símbolo del ideal revolucionario. Como paradoja, los capitalistas que imprimieron su imagen hicieron buen dinero. La historia, sin embargo, ajustará esa imagen y la de Fidel Castro como dos que asesinaron a mansalva. Guevara murió en Bolivia, después de que el propio Castro lo sacara de Cuba para que fuera el único sol de la isla.
Estas son reflexiones sueltas, pero al final de su historia comunista, Cuba nos deja un mundo de hechos para reflexionar sobre el futuro que queremos en México. Sin duda, la principal enseñanza es el valor supremo de la libertad en todos los aspectos de los derechos humanos fundamentales, esos que regatean los gobiernos autoritarios.
La segunda enseñanza directa es que sin el aprecio de la iniciativa individual, la meritocracia y el reconocimiento de los mercados como voluntad popular, el igualitarismo mata la voluntad. Ninguna sociedad puede diseñarse a partir de dogmas centrales inamovibles como la “lucha de clases” o el análisis de todo desde la óptica del “materialismo histórico”. (Continuará)
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