PISA y corre

Como era de esperarse, los resultados para México de la conocida prueba internacional PISA, que mide las competencias de los niños de 15 años en tres disciplinas, han sido un desastre. Por más que se le quiera dar la vuelta con argumentos técnicos, metodológicos o políticos, esa es la realidad: un desastre.

Por ejemplo, los niños de México obtuvieron 388 puntos en matemáticas, 408 en lectura y 414 en ciencias frente a los promedio de la OCDE que fueron de 463, 461 y 482 puntos, respectivamente, y muy por debajo de los mejores países que fueron Singapur, China o Corea cuyos estudiantes alcanzaron entre 500 y 600 puntos.

En matemáticas, el 70% de los estudiantes mexicanos no llegó siquiera el nivel mínimo de desempeño. En ciencias, solo el 50% y en lectura igual: solo 50 de cada 100 alumnos son capaces de identificar la idea principal de un texto de extensión moderada, localizar información y reflexionar sobre su propósito. 

Pero haríamos muy mal en sorprendernos de este resultado porque estaba previsto desde hace años. En septiembre de 2023, por ejemplo, Mejoredu, mostró que en lectura, matemáticas y formación cívica, los alumnos mexicanos de educación básica solo aciertan en las pruebas, en promedio, 44 por ciento de los reactivos . En una segunda evaluación, en 2025, los estudiantes mexicanos de nivel básico lograron apenas 11.75 puntos sobre un máximo de 20. 

En el caso de Aguascalientes, en las mismas pruebas que hizo Mejoredu, los niños de primaria y secundaria de Aguascalientes en matemáticas y lectura, salieron olímpicamente reprobados. De 100 preguntas que contenían las pruebas apenas alcanzaron a contestar 43 correctamente. Y en la segunda evaluación, los estudiantes de Aguascalientes, promediando los resultados de todos los campos formativos, lograron apenas 11 puntos sobre 20 que era el máximo.

Pero en lugar de prender las alarmas en aquel momento, las autoridades educativas, los maestros, el sindicato, los padres de familia, los diputados y los organismos empresariales, voltearon hacia otro lado, callaron, no hicieron nada  y continuaron con la simulación hasta hoy. 

Por supuesto que atribuir la debacle a una sola causa sería injusto porque la buena educación es un ecosistema en el que influyen varios factores. Pero hay que decir que uno de ellos fue el haber regresado a las viejas mañas de eliminar los concursos de ingreso a la profesión docente así como las evaluaciones de desempeño para ver si estaban haciendo bien su trabajo los profesores mexicanos.

En este punto, el gobierno de Morena se dio a la tarea de "basificar" maestros, lo que quiere decir que regularizaron, contrataron o designaron discrecionalmente, sin ningún tamiz de calidad ni mediante concursos de verdad, a 1 millón 250 mil presuntos docentes entre 2019 y 2026. Peor aún es que, según Mejoredu, hay 156 000 personas que ejercen como docentes sin tener título profesional para ello.

En suma, no nos llamemos a sorprendidos por los malos resultados, sino más bien lo que le urge a México es una verdadera revolución educativa que detenga esta catástrofe.

 

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Las ideas aquí expresadas pertenecen solo a su autor, binoticias.com las incluye en apoyo a la libertad de expresión. 

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Otto Granados
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