¿Por qué el mexicano es tan antiamericano?
Hay una especie de distorsión psicológica en la percepción que el mexicano promedio tiene de los Estados Unidos. Por ahora, es entendible esa percepción cuando se cree, erróneamente, que EEUU es Trump y que Trump es EEUU, pero la verdad demuestra que no es así y que debiéramos hacer un esfuerzo pedagógico que le aclare al mexicano que la integración económica y la vecindad geográfica son una suerte para México.
Conviene partir de que desde el siglo XIX México no ha tenido, no tiene ni tendrá una relación estratégica más importante como la que existe con los EEUU. Lo segundo es dejar de hacer piruetas mentales insistiendo en esa relación bipolar de amor-odio con los norteamericanos porque al final del día es una posición privilegiada y una extensa red de vínculos con el que es hoy, y lo será por mucho tiempo más, el país más poderoso del planeta en cualquier aspecto. Y el tercer aspecto es no hacernos ilusiones con la llamada “diversificación”, que es una aspiración verbal que llevamos repitiendo sin éxito desde la mayor parte del siglo pasado pensando que otros países podrían reemplazar por arte de magia la relación entre México y los EEUU.
En 1994 ambos países firmaron el Tratado de Libre Comercio que cambió radicalmente la fisonomía de la economía mexicana y la de muchos de sus estados como fue el caso de Aguascalientes. Y dicho esto, vamos a los hechos.
La economía norteamericana sigue siendo la más grande y la más importante del mundo. En las últimas tres décadas, EEUU ha dejado atrás al resto del mundo rico. En 1990 representaba alrededor del 40% del PIB del llamado G7, el grupo de los siete países más poderosos, y hoy representa el 60%. La producción per cápita de EEUU es ahora un 30% más alta que en Europa occidental y Canadá, y un 60% más alta que en Japón.
Mississippi, es el estado más pobre de EEUU, pero sus trabajadores ganan, en promedio, más que los británicos, canadienses o alemanes. Y la economía de China representa apenas el 65% de la de EEUU en la actualidad.
En segundo lugar, siete de las 10 mejores universidades del mundo están en EEUU, lo que explica su potencia innovadora y hay unos 15 mil estudiantes mexicanos en las distintas universidades. Estados Unidos es el hogar no solo de la industria de cohetes más grande del mundo, sino también de los gigantes de Internet y de las mejores empresas de inteligencia artificial. Su productividad laboral ha aumentado 70% desde 1990 frente al 29% en Europa, 25% en Japón y menos del 2% en México.
En tercer lugar, EEUU representa para México el 83% de sus exportaciones que equivalen a más de 650 mil millones de dólares; unas 32 mil empresas de capital norteamericano operan en México; entre 32 y 37 millones de mexicanos y de origen mexicano viviendo y trabajando en EEUU y que mandan remesas por 62 mil millones de dólares al año.
Solo para dar dos ejemplos locales: de las exportaciones de Aguascalientes el 86% va para EEUU y los paisanos enviaron a sus familias en Aguascalientes 937 millones de dólares en 2025.
¿Qué nos dicen estos datos duros? Que México no necesita especular a tontas y a locas sino tener una relación de altura, madura, inteligente, práctica y efectiva con el país que es y será nuestro vecino de por vida. Así de claro, así de sencillo.
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