Reflexiones sobre las reformas: ¿Cambio o retroceso?

La semana pasada, las Cámaras del Congreso probaron tres reformas importantes que ameritan recordar nuestras clases de civiles, pero también recordarles a todas las mayorías que votaron para probar estas propuestas del ejecutivo del PRI.

A usted, amable y estimado radioescucha: si le parece fuerte mi expresión, déjeme decirle que me quedé corto. ¿Qué opinaría usted si fuera integrante de alguna de ellas, y después de horas y horas de trabajo en las comisiones, se elaborara un proyecto en consenso para discutir el tema, pero al día siguiente el documento cambiara de aspectos sustanciales, y nadie supiera qué pasó? La Constitución dice (lo aprendí en Civismo) que nadie puede ser privado de sus bienes o posesiones sin un previo juicio fundado en propiedad.

Olvídese, ¿usted picardía toda de sus Afores, que pudiera decidir qué bancos les administraría? Y ahora, si no lo arregla la corte, el gobierno dispondrá para un fideicomiso las pensiones no reclamadas. Pero ¿por qué es esto? Porque ya se van, y ya se gastó todos los fondos y guardaditos. La deuda del país ha subido como nunca, aunque se niegue y necesita este préstamo forzoso para que no se le caiga el “teatrito”.

La Constitución dice que hay 3 poderes, y que al Judicial le toca juzgar, resolver si una persona es culpable o inocente. El Legislativo, la mayoría de Morena, decidió que el presidente tendrá facultades plenas para dar amnistía, a cualquiera que considere o convenga perdonar. Si la Corte no resuelve, el presidente será el señor de orca y cuchillo, y estará por encima del Poder Judicial, y de acuerdo con el diseño constitucional, debilita equilibrando los hospitales, ya éramos muchos y “parió la abuela”.

Acababan de amolar los morenistas la Ley de Amparo para que no se puedan frenar leyes que el presidente se le ocurra que son de interés nacional. El Capricho presidencial por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos para defenderse de las arbitrariedades. Todo lo que era el capricho, era una facultad legal, atropellando lo que durante muchos años ha sido el único freno de la autocracia. O sea, usted me cayó “gordo”, y le voy a dar de “cachetadas”, pero no se vale que metan la mano. Si la Corte no lo frena, este dispositivo legal será un atentado criminal contra los derechos fundamentales, especialmente el de legalidad.

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JESÚS EDUARDO MARTÍN JÁUREGUI
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