Reforma electoral

Un tema que está álgido en este momento en la vida cotidiana es la reforma de corte Electoral. Pero la democracia no se agota en la mecánica electoral.

La democracia es una condición para una convivencia que se base en derechos y en libertades. Si no tenemos instituciones sólidas, se erosiona el espacio cívico y se normalizan las prácticas autoritarias. De ahí venimos. Se salvaron hace 34 años.

La reforma, si no considera aspectos fundamentales del procedimiento electoral con el avance que se dio para realizar 350 elecciones, sino derramar una gota de sangre y ser un tránsito civilizado del poder público.

Después de más de 60 consultas realizadas, pues lo que revela es una visión instrumental del sistema democrático subordinado a intereses coyunturales y partidistas. Resulta paradójico, que la fuerza política que impulsó la transición y alcanzó el reconocimiento internacional por su compromiso con la pluralidad.

Hoy promueven cambios que amenazan estos logros. La reforma no proviene de la oposición, sino del poder público que alguna vez defendió la autonomía electoral como condición para la legitimidad democrática.

Para preservar y fortalecer la democracia es indispensable garantizar imparcialidad electoral, pluralidad política, autonomía institucional, participación ciudadana efectiva, es decir, transitar a una democracia de calidad y desde luego un federalismo funcional.

A lo largo de la historia, los regímenes autocríticos han mostrado una resistencia sistemática al fortalecimiento de los procedimientos electorales y a la autonomía de los órganos que administran y supervisan la condición democrática.

Las razones son múltiples, revelan una lógica de preservación del poder, control del resultado electoral, reducción de la discrecionalidad, impedimento para la captura institucional, amenaza a la narrativa hegemónica y neutralización de contrapesos jurídicos. Así lo señalan grandes académicos como Frank Litz.

Señala que la concentración del poder es incompatible con instituciones autónomas, mientras que otro autor como Levitsky y otro como White explican que los regímenes híbridos buscan mantener elecciones controladas para simular legitimidad sin perder el monopolio del poder.

Lo que podemos decir es que México merece una democracia que no solo funcione en lo procedimental, sino que garantice confianza, inclusión y estabilidad. Las reformas deben fortalecer, no debilitar. Los pilares que han permitido la transición democrática procedimental deben estar intactos.

La soberanía popular no puede ser sacrificada en nombre de una concentración del poder.

Sí es necesaria una reforma porque la última es de 2014 y en todos estos años, pues hay procedimientos que se han vuelto obsoletos de los aproximadamente 700 procesos y infinidad de subprocesos para organizar una elección, pues muchos de ellos se han quedado en la obsolescencia dinámica y es preciso actualizarlos a las nuevas tecnologías, incluso la inteligencia artificial, incluso la votación electrónica, que son los nuevos retos que la democracia procedimental tiene y no simplemente la preservación del poder.

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Ignacio Ruelas Olvera
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