Algo huele mal
En los últimos dos o tres meses ha sucedido una serie de acontecimientos en Aguascalientes que por diversas razones huelen mal. Un día hay violencia en algunos municipios; otro muere trágicamente un ciclista por el pésimo estado de las vialidades; un tercero fracasan proyectos público-privados de distinto tipo; luego se reporta que se han perdido miles de empleos y finalmente que la economía no crece.
Y como cereza del pastel, las encuestas del INEGI exhiben una marcada insatisfacción con los servicios públicos más importantes. El resultado es que la valoración de los ciudadanos acerca de la efectividad de su gobierno apenas alcanza un 36%.
Cada uno de esos aspectos puede tener distintas explicaciones, pero cuando es negativa para casi todos entonces hay o debe haber un denominador común que los explique.
Partamos de lo siguiente. Desde hace ya varios años, en todo el país se observa un profundo deterioro en la calidad de los gobiernos federal, estatales y municipales. Como ahora la política electoral se ha vuelto un concurso de frivolidades, la consecuencia es que se encargan de la función pública no los más aptos, ni los más preparados, ni los más inteligentes, ni los más honestos sino los más superficiales o los que reparten más despensas.
Con algunas excepciones, son personas que desconocen los aspectos básicos de la gestión, que desprecian la ejecución eficiente de las políticas públicas, y que no les preocupa dar resultados concretos y transparentes porque nadie les exige rendición de cuentas.
La segunda lección es que a los gobiernos hay que mantenerlos con las manos atadas para evitar que cometan demasiados errores. Los gobiernos por lo general están formados por burocracias ineficientes, corruptas y depredadoras que no saben administrar correctamente y que ven el servicio público como un botín.
Por ejemplo, en la más reciente encuesta del INEGI, que salió justo hace una semana, llama la atención que los peores resultados en Aguascalientes están en el agua, donde el 89 por ciento de la población critica el servicio, o en la situación de las calles y vialidades, con casi el 86 por ciento de reprobación. El problema es que en lugar de identificar quien puede prestar mejor que los gobiernos esos servicios en condiciones de máxima eficiencia, calidad u oportunidad, se piensa lo contrario. Y esto es falso porque, como ya señalé, generalmente los gobiernos están integrados por personas cuyas capacidades son muy limitadas.
Vean ustedes algunos ejemplos: en marzo de 2020 la insatisfacción con el tema del agua era de 53%, ahora es de casi 89%. En marzo de 2021 las deficiencias reportadas en los drenajes eran de 17%, ahora son 63%. Y en los parques y jardines, el 24% de la población tenía una evaluación crítica en ese mismo mes de marzo de 2021 y ahora el 53% considera que están descuidados.
En suma, ojalá que la opinión de los ciudadanos sirva para no olvidar la lección: el único objetivo de la buena política es mejorar la vida de las personas y las familias. Y nada más.
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