¿Qué le espera a Aguascalientes?
2027 será un año muy complicado con problemas, crisis y desafíos que se han ido gestando todos a la vez en México. Pensemos en que la delincuencia y el crimen organizado persisten; en la falta de crecimiento económico; en los malos resultados educativos; en la profunda corrupción a todo nivel; en la difícil relación con Estados Unidos, y por supuesto en la competencia por el poder y los dineros en la cámara de Diputados y en los 17 estados que renovarán sus gobiernos dentro de ocho meses.
Y el problema central es que no parece que el país tenga una clase política profesional, competente, eficaz y honesta que por una vez en la vida tenga las capacidades para rendir buenas cuentas y entregar resultados concretos, tangibles y medibles para que la gente viva mejor, que es finalmente el objetivo central de la política.
De allí la urgencia de contar con un mapa de navegación que atienda al menos 3 prioridades estratégicas alcanzables en los próximos años.
El primer punto de destino es una economía en recuperación. Hasta ahora, el crecimiento a nivel nacional ha sido entre 2019-2024 de un lamentable 0.9% anual, el segundo peor desde 1934. Esto ha tenido un impacto directo en los estados porque naturalmente si México no crece buena parte de sus estados tampoco.
Pongamos por caso Aguascalientes. Entre 1986 y 1998 y 2010 a 2016, la economía estatal creció por encima del 5% anual; luego, de 1998 a 2010 descendió al 3.8%; de 2016 al 2025 apenas creció al 0.9% y en los últimos 3 años, 2023 al 2025, el crecimiento promedio fue negativo, es decir, de -1.6%, afectado seguramente por el estancamiento del sector automotriz. Esto implica que en los próximos años habrá que impulsar una estrategia muy distinta y una inversión de nuevo tipo, en especial en el sector tecnológico, como ya lo están haciendo Jalisco y Chihuahua.
La segunda ruta es que lo anterior ha tenido un efecto directo en la creación de empleo formal. En todo el país debíamos haber creado de enero a agosto 800 mil nuevos empleos pero resulta que apenas se crearon 282 mil en ese mismo lapso. Igualmente, esto le pegó a Aguascalientes pues en lugar de haber generado 10 mil 400 empleos acumulados solo llegamos a 664 empleos formales en ese período. Y como consecuencia derivada, cuando no hay empleo formal aumenta la informalidad, que en México es ya de 55% y en Aguascalientes de 42%.
El tercer problema es que, si el país no crece, el gobierno enviará menos dinero a estados y municipios, los cuales dependen mayoritariamente de las participaciones fiscales que se envían desde la federación. Si a ello se suma la deuda pública del gobierno estatal, que según la secretaría de Hacienda, alcanza ya 6 mil 780 millones de pesos, la siguiente administración tendrá un espacio fiscal mucho menor para hacer inversiones públicas de buena calidad, es decir, aquellas que fomentan el crecimiento local, la generación de empleos dignos y bien pagados, y la productividad de la economía.
Pues bien, armar ese mapa de navegación va a necesitar gobiernos muy preparados, calificados, competentes y altamente eficientes que generen satisfactores robustos para toda la sociedad. De hecho, es el tipo de gobiernos que requiere todo el país.
En suma, este es un camino largo y complejo que apenas empieza, pero del cual depende que Aguascalientes se posicione algún día entre los cinco estados más potentes del país.
¿Podremos lograrlo? Eso es justamente lo que necesitamos ver en los próximos ocho meses.
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