Hay que ser por lo menos de mi peña para recordar aquella serie animada ‘Here comes the Grump’ (‘Ahí viene Cascarrabias’) que, creada por un sádico criminal, fue causa de que mi generación sea básicamente una generación de paranoicos.
En las ciudades del Bajío, las peores evaluaciones en seguridad son las de Guanajuato, un desastre humanitario, social y político. ¿Qué nos pasó en Guanajuato? ¿Por qué perdimos el impulso de principios de siglo?
Entrábamos al estado por Calvillo; recuerdo que de vez en vez nos cruzábamos con un camión de carga, repleto de guayabas, cuyo aroma nos acompañaba un par, tres o hasta cuatro kilómetros.
Esta semana amanecemos con otro país, distinto al proyectado durante la etapa del ascenso democrático (2000-2018), durante el respeto a la pluralidad como forma de vida política.
El desafío no es menor: las ciudades son los motores del cambio global, pero están atrapadas en dinámicas burocráticas que no corresponden a las urgencias actuales.
Entiendo, que pasado el mentado Buen Fin, vienen las ventas verdes, las baratas nocturnas, los viernes negros, las baratas anuales y como es mi costumbre no pienso comprar.