La patria no pertenece a una ideología, a un gobierno o a una oposición. Es un bien común que solo florece cuando la diferencia deja de convertirse en enemistad.
Ha desarrollado un imperio basado en la economía y en la milicia, y ha moldeado la cultura occidental con los contenidos de sus medios de comunicación.
Trump no pudo quitar por decreto un derecho protegido durante más de un siglo: que quienes nacen en territorio estadounidense son ciudadanos de ese país. Legalmente, perdió. Pero políticamente la historia es más compleja.