Yo voy de vez en vez a la universidad: una presentación de algún libro, una lectura, cosas así. El caso es que es siempre placentero andar por aquella agitación: la juventud inspira y algo se pega.
Comenzamos a vivir en un país más surrealista del que André Bretón describiera. Tan sólo ver el desfile interno en la Suprema Corte, donde aplauden a Norma Piña y desprecian a las emisarias de la 4T, es una escena impensable hace unos años.
Hace unos días se aprobó en la Comisión de Puntos Constitucionales de la Cámara de Diputados la eliminación de los organismos autónomos. Pero se corre el riesgo de costos políticos e institucionales, así como dejar a la sociedad sin mecanismos confiables de evaluación y rendición de cuentas de sus políticas.
El gato negro y el gato blanco fueron la ilustración ideológica del pragmatismo de Deng Xiaoping. Intuimos que la Presidenta electa, Claudia Sheinbaum, hace cálculos cada hora, sobre lo que conviene a ella y a su próxima administración sobre los cambios del Plan C. ¿Podemos confiar en que ella tiene la respuesta correcta?, seguro que no quiere un río revuelto sino una transición de terciopelo.
Pero, ¿en qué debemos soñar?
“Necesitamos proclamar que ser compasivos, tener fe y trabajar por el bien común son grandes metas de la vida, pero requieren valentía y reciedumbre para no dejarnos vencer frente a las dificultades”.
México está inmerso en una encrucijada política que revela una profunda crisis de representatividad y justicia. Una administración que se ha presentado como la salvadora de un sistema corrupto, pero, al mismo tiempo, implementado medidas que cuestionan la esencia misma de la democracia. La ciudadanía, que debería ser el núcleo de las decisiones políticas, , se encuentra cada vez más relegada.